Imaginación expansiva ante un mundo que se estrecha
Creado el: 22 de agosto de 2025

Cuando el mundo se estreche, amplía tu imaginación. — Haruki Murakami
Del estrechamiento externo al espacio interior
Cuando la realidad se contrae —por crisis, rutina o pérdida— también se encoge nuestro campo de juego mental. La frase sugiere invertir el movimiento: si afuera faltan horizontes, dentro podemos abrir ventanas. No es evasión, sino una estrategia de reencuadre; al ampliar la imaginación, ensanchamos el mapa de opciones, incluso si el terreno sigue siendo el mismo. De ese modo, la estrechez deja de ser un muro para convertirse en una frontera porosa que invita a explorar.
Murakami y las puertas a lo insólito
En ese espíritu, la narrativa de Haruki Murakami convierte la constricción en umbral. En Crónica del pájaro que da cuerda al mundo (1994), un pozo angosto es el pasaje hacia una conciencia ampliada; en Kafka en la orilla (2002), una biblioteca deviene portal simbólico; y en 1Q84 (2009–2010), dos lunas marcan un mundo paralelo nacido de una fisura mínima. Al reducir el ruido exterior, los personajes oyen lo que antes no podía oírse. La lección es sensible: cuando el mundo se estrecha, es precisamente el surco por donde puede filtrarse lo extraordinario.
Psicología de imaginar: simulación y alivio
Ahora bien, más allá de la literatura, la ciencia cognitiva entiende la imaginación como un simulador que ensaya futuros posibles. La llamada red por defecto del cerebro facilita la prospección y la reconfiguración del sentido; investigaciones sobre imágenes mentales (Stephen Kosslyn, 1994) y divagación dirigida (Smallwood y Schooler, 2015) muestran que imaginar escenarios alternativos puede disminuir estrés y abrir vías creativas. No se trata de fantasear sin freno, sino de practicar el "¿y si…?" como reencuadre cognitivo. Al hacerlo, la emoción se regula y las alternativas ganan nitidez sin negar la realidad.
Lecciones históricas de resiliencia creativa
A su vez, la historia ofrece ejemplos donde la estrechez estimuló expansiones insospechadas. En El hombre en busca de sentido (1946), Viktor Frankl relata cómo la visualización de un futuro con propósito ayudó a sostener la esperanza en condiciones extremas. Durante el "año sin verano" (1816), Mary Shelley imaginó Frankenstein al abrigo de encierros climáticos. Y el grupo Oulipo demostró con restricciones formales que el límite puede ser motor: Georges Perec escribió La Disparition (1969) sin la letra "e". En todos los casos, la limitación no fue negada; fue convertida en regla fértil.
Prácticas para ampliar el horizonte
Con estas pistas, la expansión puede cultivarse con rituales breves. Un diario de mundos posibles transforma sucesos comunes en semillas de relato; el ejercicio del "¿y si…?" aplicado a un problema concreto genera variantes sin juzgar. La lectura como puente —de Ursula K. Le Guin a Julio Cortázar— entrena la mente para aceptar lógicas alternativas. Incluso caminar con una consigna mínima, como buscar cinco detalles azules en tres cuadras, reencanta lo cotidiano. La clave es pasar de la imaginación abstracta a hábitos repetibles que, a fuerza de práctica, ensanchan lo que parecía fijo.
De la imaginación individual a lo colectivo
Por último, ampliar la imaginación no solo alivia al individuo: reensambla comunidad. Benedict Anderson, en Imagined Communities (1983), mostró cómo los relatos compartidos fundan pertenencias. En tiempos de estrechez social, prototipos vecinales —huertos, bibliotecas de objetos, cuidados recíprocos— convierten visión en estructura. Así, la imaginación deja de ser fuga y actúa como ensayo general de lo posible. Lo íntimo se vuelve cívico: imaginar distinto para vivir distinto, hasta que el mundo, una vez más, recupere anchura.