Contra la apatía: encender el futuro compartido
Creado el: 25 de agosto de 2025

El mayor peligro para nuestro futuro es la apatía. — Jane Goodall
La alarma de Goodall
La frase de Jane Goodall desplaza el foco del peligro desde las amenazas externas hacia un riesgo íntimo: la indiferencia. No es que falten desafíos —clima, desigualdad, pérdida de biodiversidad—, sino que la apatía vacía de energía moral y política cualquier respuesta posible. Así, el problema no solo está “afuera”, sino en la parálisis que tolera lo intolerable. En consecuencia, Goodall nos convoca a revisar el estado interior desde el cual actuamos. Si la apatía anestesia, entonces reactivar la sensibilidad cívica y la voluntad se vuelve una tarea estructural. Esta clave abre paso a una pregunta psicológica y social: ¿por qué sabiendo tanto, hacemos tan poco?
Apatía y fallos de acción colectiva
La inacción suele nacer de mecanismos conocidos. El efecto espectador describe cómo la responsabilidad se diluye cuando hay muchos observadores (Latané y Darley, 1968). A la vez, los dilemas de acción colectiva explican por qué individuos racionales no cooperan aunque todos ganarían haciéndolo (Mancur Olson, 1965). Cuando los problemas se perciben abstractos o lejanos, estas fuerzas se potencian. Sin embargo, comprender no implica resignarse. Reconocer estos sesgos permite diseñar entornos que vuelvan la cooperación el camino más fácil. Desde aquí, la propuesta de Goodall no es culpar, sino construir condiciones para elegir el compromiso antes que la apatía.
Esperanza disciplinada, no ingenua
Goodall ha insistido en que la esperanza es una práctica, no un estado pasivo. En Reason for Hope (1999) y The Book of Hope (2021) sostiene que la esperanza se cultiva con evidencia de progreso, comunidad y propósito, y la resume en una imagen memorable: “la esperanza es un verbo con las mangas arremangadas”. Desde sus días en Gombe, su trayectoria muestra cómo la empatía informada puede transformarse en acción sostenida. Por eso, el antídoto contra la apatía no es el optimismo vacío, sino la esperanza que se alimenta de pequeños logros encadenados. Esa lógica por incrementos prepara el terreno para afrontar magnitudes mayores sin caer en el desaliento.
El costo de mirar hacia otro lado
Las demoras impuestas por la apatía encarecen los problemas. El IPCC, en su informe de síntesis AR6 (2023), advierte que la ventana para limitar el calentamiento se cierra rápidamente, y cada año perdido obliga a medidas más drásticas después. En paralelo, la evaluación global de IPBES (2019) reporta una pérdida acelerada de biodiversidad, con riesgos sistémicos para alimentos, agua y salud. Así, la apatía no es neutral: es una apuesta por escenarios más costosos y menos justos. De ahí que el “futuro” del que habla Goodall sea un bien común que se degrada en silencio si no se defiende a tiempo.
Arquitecturas que facilitan el compromiso
Si la apatía tiene raíces psicológicas y estructurales, también requiere soluciones de diseño. Los “nudges” propuestos por Thaler y Sunstein (2008) muestran que pequeñas modificaciones —opciones por defecto verdes, información clara en el punto de decisión— pueden desbloquear conductas prosociales. En la misma línea, la investigación sobre normas sociales indica que visibilizar lo que hace la mayoría reduce la indiferencia (Cialdini, Reno y Kallgren, 1990). Conectando estos hallazgos, crear rutas de entrada sencillas, feedback inmediato y pertenencia tangible transforma la intención en hábito. Así, el compromiso deja de ser heroico y se vuelve cotidiano.
De la chispa individual a la ola colectiva
Goodall convirtió esta filosofía en programas concretos como Roots & Shoots, iniciado en 1991 y hoy presente en más de 60 países. La premisa es simple y poderosa: proyectos liderados por jóvenes que mejoran comunidades, animales y ambiente —desde reforestación hasta recuperación de fuentes de agua— generan aprendizaje, orgullo local y efectos multiplicadores. Al cerrar el círculo, la cita cobra vida: la apatía se vence cuando las personas pueden ver y sentir el impacto de su aportación. Empezar pequeño, sumar aliados y compartir resultados crea una narrativa de eficacia que, con el tiempo, redefine lo posible.