Valor y determinación ante lo absurdo camusiano
Creado el: 26 de agosto de 2025

Actúa con decisión; lo absurdo cede cuando el valor se encuentra con la determinación — Albert Camus
Decisión como antídoto frente al sinsentido
Para empezar, la sentencia sugiere que el absurdo no desaparece por completo, pero cede terreno cuando la acción se vuelve valiente y sostenida. En el pensamiento de Camus, el absurdo nace del choque entre nuestra sed de sentido y el silencio del mundo. Sin embargo, esa constatación no obliga a la rendición, sino a una respuesta activa. Así, actuar con decisión no pretende resolver el enigma del ser; busca, más bien, impedir que la parálisis lo domine todo. En El mito de Sísifo (1942), Camus propone una lucidez que no se resigna: al empujar su roca, Sísifo no derrota al destino, pero sí rehúsa ser derrotado por él. De modo análogo, el valor y la determinación redefinen el terreno: no suprimen la aridez existencial, pero instituyen un espacio donde todavía son posibles la dignidad y la coherencia.
El absurdo en clave camusiana
A continuación, conviene precisar ese absurdo. Para Camus, no es caos puro, sino una verdad límite: el mundo no responde a nuestras preguntas últimas. En El extranjero (1942), la figura de Meursault encarna la desproporción entre expectativa humana y contingencia; su extrañeza revela la falta de anclajes definitivos. Sin embargo, La peste (1947) matiza la escena mediante el trabajo paciente del doctor Rieux. Ante la epidemia, él elige la decencia cotidiana: curar, contar, resistir. En ese trayecto, Camus sugiere que la lucidez no exige cinismo; exige responsabilidad. De allí se desprende el sentido de la frase: el absurdo “cede” no porque sea refutado, sino porque pierde dominio cuando alguien, plenamente consciente de su límite, insiste en hacer lo que debe.
La ética de la revuelta lúcida
En consecuencia, valor y determinación se integran en lo que Camus llama “revuelta”. El hombre rebelde (1951) describe un no que también es un sí: un rechazo a la humillación que, a la vez, afirma la dignidad compartida. Esa revuelta no es estruendo romántico, sino disciplina moral. Por eso, la determinación no equivale a obstinación ciega. Camus insiste en la medida: actuar sin idolatrías ni absolutos, sostener la causa humana sin sacrificar a los humanos. Cuando el valor se vuelve continuidad —un compromiso mantenido en el tiempo— el absurdo, aunque persista, deja de dictar el sentido de nuestras acciones. La decisión no promete salvación metafísica; promete humanidad practicable.
Ecos históricos y cotidianos de la decisión
Este impulso no es abstracto. Camus conoció la ocupación y, como editor de Combat (1943–1947), defendió una resistencia fiel a la justicia y reacia al terror. Escribir, denunciar y cuidar la medida fueron modos de decisión pública que restaban espacio al absurdo político. Asimismo, La peste (1947) ofrece un espejo verosímil: Rieux y sus compañeros organizan equipos, cuentan cifras, sostienen turnos. Nada grandioso, pero decisivo: cada acto limita el sufrimiento y construye sentido compartido. De forma análoga, en la vida cotidiana una enfermera que permanece en su puesto durante un brote o un periodista que verifica datos bajo presión hacen que “ceda” la impotencia. La grandeza, sugiere Camus, se logra a ras de suelo.
Autoconfianza y perseverancia: una mirada psicológica
Asimismo, la psicología moderna ilumina la intuición. Albert Bandura (1977) describe la autoeficacia como creencia en la propia capacidad para organizar y ejecutar acciones; cuando aumenta, crece la persistencia y disminuye la rumiación. Del mismo modo, Angela Duckworth (2016) vincula la “grit” —pasión sostenida y perseverancia— con logros en contextos inciertos. Estas ideas dialogan con Camus: la determinación concentrada reduce la tiranía del absurdo al acotar la atención en lo que puede hacerse aquí y ahora. No convierte el mundo en transparente, pero disminuye la sensación de inutilidad. El valor, entonces, no es un arrebato; es una práctica que se renueva con cada elección.
Medida y límite: contra el fanatismo
Sin embargo, Camus advierte que la decisión, si pierde la medida, degenera en dogma. Calígula (1945) dramatiza los peligros de la lógica absoluta que, en nombre de la coherencia total, legitima la crueldad. La valentía sin lucidez puede volverse violencia y traicionar aquello que pretendía defender. Por eso, la determinación debe convivir con la autocrítica. La “mesura mediterránea” camusiana vela para que el fin no devore los medios. En última instancia, actuar con decisión significa sostener una forma de humanidad en condiciones inhóspitas: un coraje que se sabe finito, una constancia abierta a la corrección. Así, lo absurdo no desaparece; simplemente deja de mandar.