Construir firmeza en un mundo de arena
Creado el: 26 de agosto de 2025

Nada se edifica sobre piedra; todo se edifica sobre arena, pero debemos edificar como si la arena fuera piedra. — Jorge Luis Borges
La paradoja constructiva de Borges
El dictum de Borges enuncia una paradoja fértil: nada posee fundamento absoluto, y sin embargo la vida pide obras duraderas. Reconoce la inestabilidad —la arena—, pero exige el gesto constructivo que finge piedra. En Ficciones (1944), relatos como “La biblioteca de Babel” insinúan esta tensión: un orden que pretende totalidad se sostiene, en realidad, sobre combinaciones contingentes. La lucidez no autoriza la inacción; obliga, más bien, a edificar sabiendo que todo edificio es hipotético. A partir de esta paradoja se perfila una ética de la forma: construir con rigor aunque el subsuelo tiemble. Esa disciplina, que el propio Borges practica en su prosa geométrica, convierte el artificio en promesa: no porque dure para siempre, sino porque puede durar lo suficiente para hospedar sentido.
Impermanencia: de Heráclito al budismo
Esta conciencia de la impermanencia enlaza con tradiciones antiguas. Heráclito resumió el fluir con su panta rhei; todo cambia, como la arena entre los dedos. Asimismo, el budismo llama anicca a la transitoriedad universal. Borges, lector de ambas corrientes, evocó estas ideas en Siete noches (1977), donde recuerda que lo real es “un río de símbolos” que no se fija. Sin embargo, de la fugacidad no se sigue el nihilismo. Precisamente porque todo pasa, urge dotar de forma al paso: escribir un poema, levantar una casa, mantener una promesa. Así, la arena no niega la arquitectura; la provoca.
Conocimiento provisional y método científico
El conocimiento opera de modo análogo. Para Karl Popper, toda teoría es conjetura refutable (The Logic of Scientific Discovery, 1934/1959). También Thomas Kuhn mostró que los paradigmas cambian por “revoluciones” (1962). No obstante, los científicos diseñan experimentos como si sus modelos fueran piedra, porque esa ficción operativa permite avanzar y corregir. Un ejemplo lo ilustra: la mecánica de Newton, hoy reconocida como aproximación, sigue guiando trayectorias de satélites con precisión práctica, hasta que la relatividad exige ajustes. Construimos sobre arena teórica, pero con planos suficientemente firmes para sostener puentes de conocimiento.
El ‘como si’ como ética de acción
Desde aquí se entiende el “como si” como regla de acción. Hans Vaihinger formuló una “filosofía del como si” (1911): muchas prácticas funcionan porque actuamos bajo ficciones útiles. Max Weber, por su parte, defendió una ética de la responsabilidad (La política como vocación, 1919): decidir y responder por los efectos, aun en incertidumbre. Algo semejante late en Camus. En El mito de Sísifo (1942), la tarea absurda no se elude: se asume con dignidad. Así, edificar como si la arena fuera piedra no es autoengaño ingenuo, sino coraje lúcido que convierte la precariedad en compromiso.
Cimientos reales: ingeniería sobre terrenos inestables
También la ingeniería aprende a domesticar suelos frágiles. Ámsterdam se sostiene sobre millones de pilotes de madera que vuelven “sólido” el pantano; Geert Mak recuerda esta historia en Amsterdam (1994). La torre de Pisa, inclinada por arcillas blandas, fue estabilizada entre 1990 y 2001 mediante extracción de suelo y contrapesos, bajo la dirección de John Burland, evitando su colapso. De modo similar, Ciudad de México, asentada sobre antiguos lagos, emplea cimentaciones profundas y refuerzos antisísmicos. Por tanto, no negamos la arena: calculamos, pilotamos y vigilamos. La metáfora de Borges se vuelve método: reconocer el terreno inestable es el primer paso para construir con prudencia y belleza.
Instituciones y promesas: arena que perdura
En el ámbito civil, las instituciones son pactos que cambian. Constituciones se enmiendan —de Filadelfia (1787) a la reforma argentina de 1994—, y sin embargo el Estado de derecho exige obedecerlas como si fueran piedra. Esa ficción sostenida crea previsibilidad: permite invertir, educar, confiar. A la vez, esa misma previsibilidad habilita la revisión. The Federalist Papers (1787–88) defendían un marco capaz de perdurar precisamente porque contemplaba modificaciones. Así, edificamos normas sobre arena histórica, pero las tratamos con la seriedad de un cimiento.
Arte, memoria y el pacto de la lectura
Finalmente, el arte decanta esta tensión. En “Pierre Menard, autor del Quijote” (1939), Borges muestra que un mismo texto cambia de sentido con el tiempo; aun así, leemos como si captáramos una obra fija para poder dialogar con ella. Del mismo modo, “El Aleph” (1949) promete un punto que resume el universo, sabiendo que es un artificio. Por ello, la perennidad del arte no es material sino relacional: persiste mientras alguien lo vuelve a mirar. La arena de la memoria se reacomoda, pero el gesto de construir —escribir, interpretar— sostiene, por un instante decisivo, el peso de lo humano.