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Tomar la libertad: agencia, justicia y responsabilidad

Creado el: 27 de agosto de 2025

Nadie puede darte la libertad. Nadie puede darte la igualdad ni la justicia ni nada. Si eres un homb
Nadie puede darte la libertad. Nadie puede darte la igualdad ni la justicia ni nada. Si eres un hombre, lo tomas. — Chinua Achebe

Nadie puede darte la libertad. Nadie puede darte la igualdad ni la justicia ni nada. Si eres un hombre, lo tomas. — Chinua Achebe

Contexto y atribución correcta

Para empezar, la frase suele atribuirse a Chinua Achebe, pero corresponde a Malcolm X: “Nobody can give you freedom… If you’re a man, you take it”, de su discurso The Ballot or the Bullet (1964). Aclarar la fuente no resta potencia al mensaje; más bien sitúa su filo retórico en la lucha afroamericana por derechos civiles. Ahora bien, la obra de Achebe también dialoga con esta idea: al narrar el choque entre poder colonial y culturas igbo en Things Fall Apart (1958), exhibe cómo la dignidad se afirma no como concesión, sino como reivindicación. Así, entre el reclamo político de Malcolm X y la imaginación descolonizadora de Achebe emerge un mismo nervio: la libertad se ejerce, no se espera.

Del regalo al reclamo cívico

A partir de ahí, “tomarla” no implica arrebato caprichoso, sino pasar de la pasividad a la corresponsabilidad. Frederick Douglass lo formuló con crudeza en 1857: “El poder no concede nada sin demanda”. Cuando los derechos se viven como obsequios, dependen del humor del benefactor; en cambio, como reclamo cívico se vuelven obligación del Estado y patrimonio de la comunidad. Esta mudanza interior —de súbdito a ciudadano— transforma el lenguaje y la acción: ya no se pide permiso, se exige reconocimiento. Y en esa exigencia madura una ética del nosotros que habilita la siguiente pregunta: ¿cómo tomar sin destruir, y afirmar sin negar al otro?

La fuerza de la no violencia organizada

Asimismo, la historia muestra que “tomar” puede ser disciplinado y no violento. El boicot de autobuses en Montgomery (1955–56) y las sentadas estudiantiles en Greensboro (1960) presionaron hasta la Ley de Derechos Civiles de 1964. En otra latitud, Gandhi articuló satyagraha en Hind Swaraj (1909), convirtiendo la desobediencia civil en palanca moral; y en Argentina, las Madres de Plaza de Mayo (desde 1977) transformaron la búsqueda de sus hijos en un acto público sostenido que desnudó al poder. Lejos de la improvisación, estas prácticas combinan organización, narrativa convincente y persistencia, mostrando que la conquista de derechos puede arraigar en la dignidad y no en el miedo.

Género, lenguaje y universalidad del mensaje

Con todo, la cláusula “si eres un hombre” refleja un marco retórico de su época que hoy conviene ampliar. La libertad no es prerrogativa masculina: las sufragistas —de las británicas que lograron avances en 1918/1928 a la 19ª Enmienda en EE. UU. (1920)— mostraron que tomar la palabra, el espacio y el voto también fue tarea de mujeres. Al releer la frase de modo inclusivo, reconocemos que la agencia pertenece a todas las identidades y que la lucha por igualdad y justicia se fortalece cuando integra voces diversas. Así, el llamado a “tomarla” deviene invitación plural a ejercer ciudadanía y a compartir liderazgo.

Instituciones, legalidad y límites éticos

Por otra parte, tomar sin institucionalizar es efímero. Hannah Arendt, en On Revolution (1963), distingue entre estallidos de poder y su sedimentación en formas duraderas. La libertad se afirma cuando se traduce en leyes, tribunales accesibles, prensa libre y controles democráticos. Tan importante como la audacia es el límite: evitar el vigilantismo y la violencia que corroen el Estado de derecho. En esta clave, el reclamo firme se complementa con procedimientos justos; y la indignación, con reglas que protegen a todos, también a quienes disienten. Solo así el “tomar” se convierte en un “garantizar” para las generaciones que siguen.

Tomar la palabra: cultura y memoria

Además, se toma la libertad al hacerse dueño del relato. Achebe insistía en corregir la mirada colonial mediante la ficción, y autores como Ngũgĩ wa Thiong’o, en Decolonising the Mind (1986), propusieron desatar la imaginación de lenguajes impuestos. Cronistas, periodistas y artistas amplían el horizonte de lo posible: al contar lo negado, vuelven visible lo que debe cambiar. La memoria colectiva, tejida en libros, cantos y archivos, resiste el olvido y ancla las conquistas. Así, la cultura no decora la política: la precede y la sostiene, porque nadie defiende lo que no sabe nombrar.

Agencia sostenible: de resistir a construir

En última instancia, tomar la libertad implica pasar de la protesta a la propuesta. Votar, deliberar, sindicalizarse, litigar estratégicamente, crear cooperativas o redes de cuidado son formas de construir poder cotidiano. Elinor Ostrom, en Governing the Commons (1990), mostró que las comunidades pueden gestionar bienes comunes con reglas claras y vigilancia mutua. Esa artesanía institucional —hecha de acuerdos, monitoreo y aprendizaje— convierte la energía del reclamo en estructuras que perduran. Así, la frase adquiere su sentido pleno: la libertad se toma ejerciéndola y se conserva practicándola, día tras día, en común.