Liderar con preguntas: la curiosidad que abre puertas
Creado el: 28 de agosto de 2025

Lidera con preguntas, no con respuestas; la curiosidad abre más puertas. — Barack Obama
La lógica de preguntar primero
Para empezar, la sentencia sugiere que el liderazgo no se mide por tener respuestas inmediatas, sino por encender la exploración correcta. Las preguntas bien planteadas enfocan el problema, revelan supuestos ocultos y convocan perspectivas que de otro modo quedarían silenciadas. Así, la curiosidad no es una cortesía intelectual: es una estrategia para reducir la ceguera de confirmación y ampliar el mapa de opciones. En consecuencia, liderar con preguntas traslada el centro del ego a la evidencia, generando decisiones más robustas porque nacen de un campo visual más amplio.
La tradición socrática como antecedente
A continuación, la idea se inserta en una genealogía antigua: la mayéutica de Sócrates. En el Menón de Platón (c. 380 a. C.), el maestro no impone respuestas, sino que acompaña con interrogantes que hacen emerger el conocimiento latente. Esa dinámica—descubrir en vez de dictar—modela un liderazgo que desarrolla criterio en los demás. Así, del ágora a la sala de juntas, el método socrático enseña que preguntar no es ignorancia, sino el camino más fiable hacia la claridad compartida.
Curiosidad y cerebro: por qué funciona
Asimismo, la neurociencia explica el poder práctico de la curiosidad. Estudios en Psychological Science (2009) y Neuron (2014) muestran que los estados de curiosidad activan circuitos dopaminérgicos y potencian el hipocampo, mejorando el recuerdo incluso de información incidental. En otras palabras, cuando una pregunta nos intriga, el cerebro invierte más atención y consolida mejor el aprendizaje. Por eso, un líder que abre con “¿qué no estamos viendo?” no solo obtiene más datos: eleva la energía cognitiva del equipo y acelera la comprensión colectiva.
Equipos que aprenden: seguridad psicológica
En la práctica organizativa, preguntar también crea condiciones para que otros hablen. La investigación de Amy C. Edmondson sobre seguridad psicológica (Administrative Science Quarterly, 1999) muestra que los equipos donde es seguro admitir dudas y errores aprenden más y rinden mejor. Las preguntas abiertas, formuladas sin culpas, invitan a la franqueza: “¿Qué riesgos estamos subestimando?” o “¿Qué evidencia refutaría nuestra hipótesis?”. Así, la curiosidad se convierte en política de puertas abiertas, haciendo visible lo que la jerarquía suele ocultar.
Métodos prácticos: de Toyota al diseño
Por ejemplo, la técnica de los “Cinco Porqués” popularizada por Taiichi Ohno en el Toyota Production System (1978) muestra cómo insistir con preguntas sucesivas conduce a causas raíz y soluciones duraderas. En paralelo, el design thinking de IDEO—recogido por Tim Brown en Change by Design (2009)—arranca con “How might we…?”, una fórmula que enmarca desafíos sin predefinir respuestas. Y Warren Berger, en A More Beautiful Question (2014), resume el ciclo virtuoso: cuestionar, explorar, experimentar. Todos coinciden: la pregunta correcta abre más puertas que una respuesta apresurada.
Obama y la deliberación efectiva
Además, el propio Barack Obama describe en A Promised Land (2020) cómo estructuraba decisiones complejas pidiendo a sus equipos que explicitaran supuestos, escenarios alternativos y vacíos de información. En lugar de perseguir una confirmación rápida, alentaba la disensión informada y preguntaba qué podía faltar en el análisis. Ese estilo no dilata por indecisión; más bien, depura el juicio antes de comprometer recursos y reputación, integrando diversidad de criterios en una resolución más sólida.
De la consigna a la cultura cotidiana
En definitiva, liderar con preguntas no es un gesto ocasional, sino una práctica que se vuelve cultura. Institucionalizar espacios de “preguntas sin castigo”, registrar supuestos críticos y cerrar cada reunión con “¿qué aprendimos y qué falta por preguntar?” traduce la curiosidad en disciplina. Así, la organización avanza como un laboratorio: menos certezas prematuras, más aprendizaje compuesto. Y, puerta tras puerta, la curiosidad demuestra ser el motor silencioso de las mejores decisiones.