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Lealtad al amor en tiempos de impermanencia

Creado el: 29 de agosto de 2025

Sé fiel a lo que amas; puede que mañana hayas terminado con ello. — W. Somerset Maugham
Sé fiel a lo que amas; puede que mañana hayas terminado con ello. — W. Somerset Maugham

Sé fiel a lo que amas; puede que mañana hayas terminado con ello. — W. Somerset Maugham

La paradoja productiva de Maugham

De entrada, la frase convoca una paradoja fértil: ser fiel precisamente porque terminará. La fidelidad no se define por la duración, sino por la intensidad honesta mientras dura. Así, el compromiso deja de confundirse con perpetuidad y se vuelve presencia total, una ética de estar a la altura del vínculo hoy. Lejos del “carpe diem” hedonista, propone una lealtad sin atajos: dar lo mejor ahora, aunque mañana toque despedirse. Al aceptar el final como posibilidad constante, la atención se afina, las prioridades se ordenan y la mediocridad pierde coartadas.

Impermanencia: de Heráclito al budismo

A renglón seguido, esta lógica entronca con tradiciones antiguas. Heráclito insinuó que todo fluye, y el budismo habla de anicca, la impermanencia que atraviesa cada fenómeno. Los estoicos, por su parte, exhortan a amar el destino sin aferrarse; las Meditaciones de Marco Aurelio (siglo II) recuerdan que lo preciado es efímero y, por eso mismo, digno de cuidado. Ser fiel en lo cambiante no es negarlo, sino honrarlo: la constancia se vuelve un acto de lucidez que acompaña al cambio, no que lo combate.

Maugham en sus obras: apego y libertad

En la experiencia literaria del propio Maugham, esta tensión aparece una y otra vez. Servidumbre humana (1915) retrata el costo del apego obsesivo y el alivio de soltar, mientras que El velo pintado (1925) explora cómo una crisis obliga a reordenar lealtades. Incluso su vida encarna la idea: tras estudiar medicina en St. Thomas’s, Maugham abandonó la clínica después de publicar Liza of Lambeth (1897) para ser fiel a la escritura. The Summing Up (1938) revela su pragmatismo: dedicación intensa, pero apertura al cambio cuando la verdad del oficio exige otro rumbo.

Fidelidad creativa: trabajar a fondo y soltar

Trasladado al trabajo creativo, ser fiel es agotar un ciclo con rigor y, llegado el momento, dejarlo ir. Picasso encarna esta dinámica: del período azul (1901–1904) saltó al rosa y luego al cubismo, cada etapa vivida con entrega total antes de mudarse a la siguiente. La psicología advierte el sesgo del costo hundido (Kahneman, Thinking, Fast and Slow, 2011): nos quedamos por lo invertido, no por lo que aún vale. Maugham sugiere lo contrario: permanece mientras haya verdad y vitalidad; cuando cesan, la fidelidad consiste en cerrar con gratitud.

Amor sin posesión: vínculos que respetan el cambio

En el terreno afectivo, la consigna invita a amar sin convertir al otro en garantía. Erich Fromm, en El arte de amar (1956), define el amor como acto, no como posesión: cuidado, responsabilidad, conocimiento y respeto. La sensibilidad japonesa de mono no aware —el pathos de lo que pasa— añade que lo bello conmueve porque se va. Ser fiel, entonces, no es asegurar un “para siempre”, sino cultivar presencia, escucha y límites sanos mientras la relación es verdadera. Y si el ciclo concluye, la lealtad se expresa en una despedida digna.

Prácticas para honrar y despedir

Por último, la frase pide hábitos concretos. Primero, pacta horizontes: ¿qué significa ser fiel aquí y ahora? Luego, define criterios de cierre antes de agotarte: señales de que el aprendizaje terminó o la dignidad peligra. Además, practica rituales de finalización —un informe de lo aprendido, un agradecimiento explícito, un archivo consciente— que eviten el fantasma del “y si…”. Así, la fidelidad deja de ser apego y se vuelve un ciclo completo: compromiso pleno, revisión honesta y despedida que libera energía para el próximo amor, obra o temporada.