Finalmente, la frase sugiere una salida implícita: si la ansiedad crece al ser alentada, también puede reducirse cuando se deja de reforzar el canal. Esto no significa ignorar problemas reales, sino distinguir entre pensar para resolver y pensar para temer. Prácticas como nombrar la preocupación, limitar la rumiación y volver a lo concreto del presente buscan cerrar esa compuerta por la que se escapa la atención.
Así, la metáfora se vuelve práctica: en lugar de tirar del hilo, se aprende a soltarlo. Y al hacerlo, no desaparecen todos los miedos, pero sí reaparece el resto de la mente—ideas, matices y posibilidades—que la ansiedad había drenado. [...]