Además, la cita cuestiona una creencia muy extendida: que ser duro con uno mismo es la única forma de crecer. Muchas culturas premian la exigencia extrema, como si la vergüenza fuera un motor fiable de superación. No obstante, Germer propone lo contrario: cuando la persona se trata con compasión, no se vuelve débil, sino más capaz de sostenerse en medio de la dificultad.
Esta idea tiene ecos tanto terapéuticos como filosóficos. Marco Aurelio, en sus Meditaciones (c. 180 d. C.), defendía el dominio interior frente a las pasiones destructivas; hoy, la psicología añade que ese dominio no requiere violencia contra el yo. Por eso, la autocompasión no elimina la responsabilidad, sino que la hace más habitable y menos humillante. [...]