Eastwood conecta respeto propio y autodisciplina como causa y efecto. La autodisciplina no nace, en primer lugar, de la fuerza de voluntad heroica, sino del convencimiento de que uno merece una vida ordenada y fiel a sus compromisos. Cuando esa convicción existe, levantarse temprano, entrenar, estudiar o ahorrar no se siente como castigo, sino como cuidado.
Un ejemplo común se ve en quien decide dejar un hábito que le perjudica: al principio parece una renuncia, pero en el fondo es una declaración de dignidad. Así, la disciplina se convierte en el lenguaje cotidiano del respeto propio. [...]