La frase de George Saunders apunta a un tipo de peligro que no se presenta como tal: la certeza. A primera vista, estar seguro de algo parece una ventaja—reduce ansiedad y ordena el mundo—pero, precisamente por eso, puede volverse una trampa. Cuando una idea se solidifica como indiscutible, deja de ser una herramienta para comprender y se convierte en una frontera que impide mirar más allá.
A partir de ahí, el daño no suele ser inmediato ni dramático; aparece como desgaste: decisiones repetidas sin revisar, conflictos que se agrandan, oportunidades que se pierden. La certeza, más que equivocarnos de una vez, puede empujarnos a equivocarnos de manera constante y con convicción. [...]