Finalmente, Greenlee apunta a una madurez emocional: puedes ser empática sin traicionarte. Honrar límites no exige frialdad; exige cuidar la forma sin abandonar el fondo. Frases como “te entiendo, pero esto no me funciona” o “puedo ayudarte, aunque no de esa manera” combinan respeto por el otro y respeto por ti.
Así, el mensaje queda completo: cuando te tratas como alguien digno de consideración, modelas el trato que esperas. Y aunque no todos responderán igual, la claridad de tus límites aumenta la probabilidad de relaciones más sanas y recíprocas. [...]