La frase de J.S. Wolfe propone una lectura directa: si alguien reacciona con ira ante un límite, esa reacción delata que el límite tocó un punto que antes se daba por sentado. No es necesariamente una prueba de maldad, pero sí una pista de dinámica: tal vez esa persona esperaba acceso, disponibilidad o concesiones sin negociación.
A partir de ahí, el enfado funciona como un indicador de fricción entre dos realidades: tu derecho a decidir y la costumbre del otro de imponer, insistir o no aceptar un “no”. Por eso, la reacción intensa puede confirmar que el límite no era capricho, sino una corrección necesaria del equilibrio. [...]