Más adelante, la cita puede trasladarse del mundo exterior al interior: estar en contacto con la realidad incluye admitir emociones, límites y contradicciones personales. Aceptar una pérdida, reconocer un error o ver una relación tal como es suele ser estresante porque rompe narrativas cómodas. La realidad, entonces, no solo “pasa”; también se revela.
Aquí encaja la idea de que muchas tensiones se disparan cuando dejamos de sostener una historia que nos tranquilizaba. La aceptación no elimina el problema, pero reduce la lucha inútil contra hechos consumados. En este punto, el estrés se vuelve menos un enemigo y más un indicador: señala dónde estamos pidiendo que lo real sea otra cosa. [...]