La idea de “importar” se enlaza naturalmente con la pertenencia: no basta con estar rodeados de gente; necesitamos sentir que ocupamos un lugar en la vida de otros. En psicología, Roy Baumeister y Mark Leary (“The Need to Belong”, 1995) describen la pertenencia como una motivación fundamental, sostenida por vínculos frecuentes y estables.
En esa línea, importar no es un lujo emocional, sino un requisito para la salud social. Cuando esa necesidad se satisface, la identidad se asienta; cuando se frustra, crece la sensación de desarraigo. Así, la metáfora de la gravedad deja de ser poética y se vuelve práctica: lo esencial es lo que nos mantiene cerca. [...]