A continuación surge un criterio práctico: para sentir orgullo, conviene definir de qué cosas vale la pena enorgullecerse. Si el estándar es la comparación social, el orgullo se vuelve frágil; si el estándar es la coherencia con valores elegidos, se vuelve estable. Así, el orgullo funciona como un indicador de alineación.
Cuando alguien valora la honestidad pero miente para evitar un conflicto, el malestar interno no es casual: es la señal de una incoherencia. En cambio, decir la verdad con tacto puede dar miedo, pero deja una marca distinta: la tranquilidad de haber actuado conforme a lo que se considera correcto. [...]