Ken Hakuta condensa el estrés en una imagen cómica y a la vez inquietante: “despertarse gritando” sin haber dormido. La gracia nace de lo imposible, pero el reconocimiento es inmediato porque muchos han sentido esa mezcla de alerta, miedo y cansancio que no termina de apagarse. En otras palabras, la frase funciona como espejo: nos reímos porque exagera, pero también porque nombra algo real.
A partir de ahí, la metáfora abre una puerta: el estrés no solo se vive durante el día como prisa o preocupación, sino también como una invasión de la noche. Cuando la mente sigue “encendida”, el descanso deja de ser un refugio y se convierte en otro escenario de exigencia. [...]