La frase de Lorde funciona como una pequeña provocación: sugiere que, a medida que aumenta la inteligencia, disminuye el deseo —o la necesidad— de convertir la vida en vitrina. En un entorno como Instagram, donde el valor suele medirse por visibilidad, la “cuenta aburrida” no es un defecto sino una señal de distancia crítica frente al espectáculo.
A partir de ahí, la cita no ataca la plataforma en sí, sino el hábito de confundir presencia digital con plenitud personal. Lo que incomoda es la insinuación de que la mejor vida quizá no produce buen contenido, y que la mejor mente quizá no está interesada en producirlo. [...]