Además, la identidad no es solo interna; también es una especie de acuerdo entre cómo te ves y cómo te ven. Cuando alteras tu estilo de vida, tus creencias o tus metas, rompes parte de ese pacto, y otros pueden vivirlo como si les “quitaras” a la persona que conocían.
Aquí aparece una paradoja: quienes afirman quererte “por quien eres” a veces se sienten amenazados cuando te conviertes en quien también eres, pero aún no habías mostrado. En otras palabras, lo que temen no es tu autenticidad, sino la incertidumbre que trae un yo menos negociable. [...]