Aunque solemos culpar al teléfono, a las notificaciones o al ruido, Eyal suele insistir en que la distracción nace primero dentro. En *Indistractable* (2019), argumenta que lo que nos empuja a salirnos de foco son “triggers” internos: aburrimiento, ansiedad, inseguridad o cansancio que buscamos anestesiar con cualquier estímulo disponible.
En consecuencia, la distracción deja de ser un problema meramente tecnológico y se vuelve emocional. Lo externo solo ofrece un atajo rápido. Y ese atajo, repetido, crea un patrón: en lugar de atravesar el malestar—pensar, sentir, decidir—nos entrenamos para evitarlo. [...]