A continuación, el énfasis en “cambiar gradualmente las mentes” apunta a una idea exigente: los acuerdos externos rara vez perduran si las percepciones internas siguen intactas. Un alto el fuego puede detener la violencia, pero no necesariamente transforma los miedos, prejuicios o deseos de venganza que la alimentan.
Por eso, esta visión entiende la paz como trabajo cultural: educación, conversación, escucha y narrativas compartidas que reconfiguran lo que un grupo cree sobre el otro y sobre sí mismo. Sin ese giro, el conflicto tiende a reaparecer con otro nombre. [...]