Finalmente, el mensaje se completa con un cambio de horizonte: usar internet como herramienta y no como fuente principal de autoestima. Cuando el foco pasa de “¿qué pensarán de mí?” a “¿qué quiero construir o aportar?”, la energía se organiza alrededor del propósito.
La paradoja es que, al soltar la necesidad de aprobación, suele mejorar incluso la forma de participar en línea: hay más autenticidad y menos actuación. Y con ello, la paz deja de ser una recompensa otorgada por otros y se vuelve una práctica propia, más estable y menos negociable. [...]