Después de reconocer la brecha entre intención y efecto, aparece el mecanismo más común: el paternalismo. Es la lógica de “yo sé mejor que tú lo que te conviene”, que puede presentarse como cuidado, protección o sensatez. Sin embargo, al tomar decisiones por otros, se les reduce a objetos de tutela y se debilita su autonomía.
Este patrón no solo opera en relaciones personales; también atraviesa instituciones. John Stuart Mill, en *On Liberty* (1859), critica la interferencia sobre individuos adultos “por su propio bien” cuando no hay daño a terceros, precisamente porque el poder se vuelve más peligroso cuando se viste de benevolencia. [...]