
El aprecio es algo maravilloso. Hace que lo excelente en los demás nos pertenezca también. — Voltaire
—¿Qué perdura después de esta línea?
La generosidad escondida en admirar
Voltaire convierte el aprecio en una forma de riqueza moral. A primera vista, admirar a otros podría parecer un gesto pasivo, pero su frase sugiere lo contrario: cuando reconocemos lo excelente en alguien, esa excelencia empieza a modelar nuestra propia sensibilidad. En otras palabras, apreciar bien no solo honra al otro, sino que también ensancha nuestro mundo interior. Así, el aprecio funciona como una posesión no material. No arrebatamos nada; más bien, participamos de una virtud ajena por medio del reconocimiento. Esta idea, tan propia de la Ilustración, recuerda que el ser humano se perfecciona no solo creando, sino también aprendiendo a valorar con justicia lo valioso que encuentra en los demás.
Ver el mérito como una forma de cultivarse
A partir de ahí, la cita insinúa que apreciar exige educación del juicio. No cualquiera reconoce con claridad la excelencia: hace falta atención, humildad y cierta disposición a salir del ego. Aristóteles, en la Ética a Nicómaco (siglo IV a. C.), ya sugería que la virtud también depende de aprender a percibir rectamente lo noble y lo bueno. Voltaire retoma, en clave más breve y elegante, esa misma intuición. Por eso, el aprecio no es adulación. Mientras la adulación exagera para obtener beneficio, el aprecio distingue con sinceridad aquello que merece estima. Y, al hacerlo, nos refina: quien sabe admirar la inteligencia, la valentía o la bondad termina orientando su propia vida hacia esos mismos bienes.
La excelencia compartida sin envidia
Sin embargo, esta participación en lo admirable solo es posible cuando superamos la envidia. Allí donde la envidia ve una amenaza, el aprecio descubre una oportunidad de crecimiento. La frase de Voltaire propone, por tanto, una ética de la abundancia: el talento, la belleza moral o el genio de otro no disminuyen lo nuestro, sino que pueden ampliar nuestra experiencia si sabemos recibirlos con alegría. En este sentido, Michel de Montaigne, en sus Ensayos (1580), mostraba cómo la amistad intelectual permitía habitar ideas ajenas como si también fueran propias. De manera semejante, apreciar a alguien nos deja entrar en contacto íntimo con su excelencia. No la poseemos jurídicamente, claro, pero sí espiritualmente, porque ya forma parte de aquello que amamos y reconocemos.
El aprecio como vínculo social
Además, la observación de Voltaire trasciende el plano individual y alcanza la vida en común. Una comunidad crece cuando sus miembros saben reconocer el mérito mutuo. En cambio, donde reina el desprecio o la indiferencia, incluso las grandes cualidades se marchitan por falta de recepción. El aprecio, entonces, no solo ennoblece al que admira; también sostiene al admirado, que encuentra eco y sentido en su esfuerzo. Esta dinámica aparece en la correspondencia ilustrada del propio Voltaire, especialmente en sus cartas a Federico II de Prusia, donde el elogio de la inteligencia y del talento formaba parte de una red cultural compartida. De ese modo, apreciar se convierte en una práctica civilizadora: une personas distintas mediante el reconocimiento de lo mejor que cada una puede ofrecer.
Una lección para la vida cotidiana
Finalmente, la frase adquiere su mayor fuerza en lo cotidiano. Apreciar no requiere enfrentarse a héroes o genios; basta con advertir la paciencia de un maestro, la integridad de un colega o la ternura de un familiar. Cada vez que reconocemos esas formas de excelencia, algo de ellas queda en nosotros como medida, inspiración o consuelo. La admiración, bien entendida, se vuelve una escuela silenciosa del carácter. Por eso Voltaire llama maravilloso al aprecio. No porque embellezca la realidad de manera ingenua, sino porque multiplica el bien sin dividirlo. Gracias a ese gesto, dejamos de vivir encerrados en nuestros propios límites y empezamos a participar, aunque sea interiormente, en la grandeza dispersa entre los demás.
Un minuto de reflexión
¿Por qué podría importar esta frase hoy y no mañana?
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