
Tienes que darte cuenta de que va a ser un proceso largo y de que trabajarás en las cosas lentamente, una a la vez. — Haruki Murakami
—¿Qué perdura después de esta línea?
Aceptar la duración del camino
Murakami parte de una verdad incómoda pero liberadora: algunos procesos importantes no se resuelven rápido. Ya sea escribir una novela, sanar una pérdida o construir una disciplina, el primer paso consiste en admitir que el trayecto será largo. Esa aceptación no invita al desánimo; por el contrario, evita la frustración de esperar resultados inmediatos donde solo el tiempo puede madurar algo valioso. Así, la frase desplaza nuestra atención del impulso por terminar hacia la disposición para persistir. En lugar de medir el progreso solo por la meta final, nos enseña a valorar la continuidad. De ese modo, lo que parecía una carga inmensa empieza a convertirse en una serie de jornadas posibles.
La lentitud como método
A continuación, Murakami no solo habla de tiempo, sino de ritmo. Trabajar lentamente no significa trabajar mal ni con apatía; significa respetar el proceso interno que exige profundidad. En su libro De qué hablo cuando hablo de correr (2007), el autor vincula la creación con la resistencia cotidiana, mostrando que la constancia suele rendir más que los arranques intensos pero breves. Por eso, la lentitud aparece aquí como una estrategia de lucidez. Al bajar la velocidad, se reduce la ansiedad por hacerlo todo de una vez y aumenta la capacidad de sostener el esfuerzo. Lo importante, entonces, no es correr hacia el final, sino encontrar un paso que pueda mantenerse.
Una tarea, no todas al mismo tiempo
Después, la cita se vuelve aún más concreta: ‘una a la vez’. En una cultura que premia la multitarea, esta idea resulta casi contracultural. Sin embargo, dividir un desafío en unidades manejables permite enfocarse mejor y cometer menos errores. La sabiduría práctica de esta propuesta recuerda principios antiguos: en la Ética a Nicómaco (c. 340 a. C.), Aristóteles sugiere que las virtudes se forman mediante actos repetidos, no por transformaciones instantáneas. En consecuencia, atender una sola cosa a la vez no reduce la ambición, sino que la vuelve realizable. Cada pequeña acción completa prepara la siguiente, y el progreso, aunque discreto, gana solidez.
La disciplina frente a la impaciencia
Sin embargo, asumir este enfoque exige luchar contra la impaciencia. Muchas veces abandonamos no porque el objetivo sea imposible, sino porque el avance parece demasiado lento. Murakami sugiere que la disciplina nace precisamente en ese punto: cuando seguimos aun sin recompensas inmediatas. La rutina, en ese sentido, deja de ser enemiga de la inspiración y se convierte en su soporte. Pensemos en un corredor que no se prepara para una maratón en un solo día, sino en entrenamientos repetidos durante meses. De manera semejante, cualquier proyecto profundo depende menos de momentos heroicos que de una fidelidad modesta al trabajo diario. Esa es la clase de paciencia que transforma.
Una filosofía de progreso sostenible
Finalmente, la frase de Murakami ofrece una filosofía práctica para vivir mejor. Nos recuerda que el progreso sostenible rara vez es espectacular: suele ser silencioso, acumulativo y casi invisible mientras ocurre. No obstante, con el tiempo, esa suma de pasos pequeños produce cambios reales, tanto en la obra creada como en la persona que la crea. Por ello, el mensaje no es simplemente ‘ten paciencia’, sino ‘organiza tu esperanza en acciones sucesivas’. Al comprender que lo valioso toma tiempo y que cada etapa merece atención plena, dejamos de pelearnos con la lentitud. Entonces el proceso ya no se siente como un obstáculo, sino como la forma misma del crecimiento.
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