La milla adicional donde desaparecen los atascos

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No hay atascos de tráfico en la milla adicional. — Roger Staubach
No hay atascos de tráfico en la milla adicional. — Roger Staubach

No hay atascos de tráfico en la milla adicional. — Roger Staubach

La metáfora de la milla adicional

La frase de Roger Staubach, “No hay atascos de tráfico en la milla adicional”, utiliza la carretera como una metáfora poderosa del esfuerzo humano. La mayoría de las personas se mantiene en los carriles convencionales, haciendo solo lo justo y necesario, lo que provoca una especie de “embotellamiento” de mediocridad. En cambio, la llamada milla adicional representa ese tramo extra de compromiso, dedicación y calidad que pocos están dispuestos a recorrer. Precisamente por esa escasez de viajeros, allí no hay congestión. Así, la metáfora sugiere que la excelencia no solo se distingue por los resultados, sino también por la menor competencia que se encuentra cuando alguien decide dar más de lo que se espera.

Del esfuerzo mínimo al compromiso extraordinario

Partiendo de esta imagen, la cita nos invita a contrastar dos actitudes: el esfuerzo mínimo y el compromiso extraordinario. En el primer caso, el individuo se rige por la pregunta “¿qué es lo menos que tengo que hacer?”, lo cual lo mantiene atrapado en el tráfico de lo común. Sin embargo, cuando alguien cambia la pregunta por “¿qué más puedo aportar?”, comienza a avanzar hacia la milla adicional. Esta transición no es solo cuantitativa —trabajar un poco más—, sino también cualitativa, porque implica un cambio de mentalidad orientado al aporte, al aprendizaje y a la mejora continua.

Excelencia y escasez de competidores

De esta manera, la milla adicional se convierte en un territorio donde la competencia se reduce drásticamente. Mientras en la mayoría de los entornos laborales o académicos abundan quienes cumplen solo con el estándar mínimo, son pocos los que invierten tiempo en preparar mejor una presentación, estudiar más allá del temario o atender con verdadera empatía a un cliente. Esta escasez de competidores hace que el camino hacia la excelencia sea, paradójicamente, menos congestionado. Estudios de gestión del talento señalan que un porcentaje reducido de personas asume tareas voluntarias, lidera proyectos difíciles o se forma por iniciativa propia, lo que confirma que el espacio de la milla adicional está sorprendentemente despejado.

Beneficios personales de ir más allá

Además de ofrecer menos competencia, la milla adicional trae consigo beneficios profundos para quien la recorre. Al esforzarse un poco más de lo esperado, la persona amplía sus habilidades, fortalece su reputación y desarrolla confianza en sí misma. En contextos profesionales, esto se traduce en mayores oportunidades de crecimiento y en una voz más respetada dentro de los equipos. Asimismo, en la vida personal, la disposición a dar más —escuchar con atención, cumplir promesas, cuidar los detalles— genera vínculos más sólidos. Así, la falta de “atascos” no solo implica menos rivales, sino también un camino más despejado hacia el desarrollo integral.

Aplicaciones cotidianas de la milla adicional

Para que esta idea no quede en un mero lema motivacional, es necesario aterrizarla en gestos concretos. En los estudios, puede significar leer una fuente adicional, practicar ejercicios extra o pedir retroalimentación para mejorar. En el trabajo, puede traducirse en entregar tareas con mayor calidad de la solicitada, apoyar a un compañero sin que nadie lo pida o proponer soluciones en lugar de limitarse a señalar problemas. Incluso en la esfera familiar, recorrer la milla adicional consiste en mostrar paciencia en momentos de tensión o reservar tiempo de calidad genuina. Así, la frase de Staubach se transforma en una guía práctica para distinguirse en lo que se hace cada día.

Elegir un camino menos transitado

Finalmente, la reflexión de Staubach plantea una elección silenciosa que cada persona realiza a diario: permanecer en el tráfico denso de lo suficiente o tomar la salida hacia la milla adicional. Este segundo camino suele requerir más disciplina, constancia e incluso valentía, porque implica actuar sin garantías inmediatas de reconocimiento. Sin embargo, precisamente esa falta de multitud lo convierte en un espacio privilegiado para crecer y dejar huella. De este modo, la aparente incomodidad de ir más allá se revela como una ventaja estratégica y existencial, pues quien se acostumbra a recorrer la milla adicional rara vez regresa a la comodidad del atasco.