Cantar la esperanza para construir nuevos puentes

Canta lo que esperas hasta hacerlo existir; una sola canción puede tender un puente hacia orillas lejanas. — Safo
La voz que convoca lo que aún no es
Safo nos invita a cantar no lo que tenemos, sino lo que esperamos, como si la voz pudiera adelantar el futuro. Esta idea sugiere que el deseo no es solo una carencia, sino una fuerza creadora: al pronunciarlo, comienza a tomar forma. Del mismo modo que en los ritos antiguos se repetían fórmulas sagradas para atraer la lluvia o la fertilidad, aquí se propone el canto como acto inaugural de la realidad. No se trata de una simple ilusión consoladora, sino de una forma de compromiso: cuando cantamos lo que anhelamos, empezamos a ordenar nuestra vida alrededor de ese anhelo y, poco a poco, lo acercamos.
La canción como puente invisible
A partir de esa potencia creadora, Safo afirma que una sola canción puede tender un puente hacia orillas lejanas. La metáfora del puente indica que el canto no solo transforma el interior de quien lo entona, sino que también establece conexiones con lo que está distante: personas, territorios, tiempos y posibilidades aún inaccesibles. Igual que en la Odisea homérica el canto de los aedos enlaza a los oyentes con hazañas pasadas, la canción aquí funciona como un lazo que reduce distancias. Cantar, entonces, no es quedarse en el mismo lugar, sino comenzar un viaje hacia el otro lado del río de lo imposible.
Del deseo íntimo al vínculo compartido
Esta imagen del puente nos lleva a otra dimensión: la del vínculo entre almas. Safo, conocida por su poesía lírica dirigida a personas concretas, sugiere que el canto transforma la soledad del deseo en un espacio compartido. Lo que al principio es un anhelo íntimo se convierte, al ser cantado, en invitación y encuentro. Alguien al otro lado del puente puede escuchar, reconocerse en esa melodía y responder. Así, como en las elegías de Catulo que dialogan con voces griegas anteriores, la canción entrelaza subjetividades que el silencio habría mantenido aisladas.
El poder performativo de la palabra poética
Además, la frase de Safo se adelanta a la noción moderna de lenguaje performativo: palabras que no solo describen, sino que hacen algo al ser pronunciadas. Como en los himnos de la Grecia arcaica, donde nombrar a la divinidad era ya convocarla, cantar la esperanza implica poner en marcha fuerzas concretas: ánimo, perseverancia, alianza con otros. En lugar de esperar pasivamente a que el mundo cambie, la poetisa propone un acto: se canta para abrir rutas, para inaugurar sentidos, para afirmar que otro desenlace es posible. La poesía, así, deja de ser ornamento y se vuelve herramienta de transformación.
La esperanza como práctica cotidiana
Finalmente, entender el canto como puente y acto creador transforma la forma en que concebimos la esperanza. Ya no es un sentimiento vago, sino una práctica: volver a esa canción, reescribirla, compartirla, sostenerla cuando la realidad la contradice. En épocas de crisis, movimientos sociales han utilizado himnos y consignas que, al repetirse, van esculpiendo un horizonte común, como se vio en los cantos de resistencia durante las dictaduras latinoamericanas del siglo XX. En esta línea, Safo nos recuerda que cada vez que damos forma sonora a lo que anhelamos, aflojamos un poco la rigidez de lo que parece definitivo y abrimos paso a orillas nuevas.