Cantar Aunque Todo Tiemble Bajo Tus Pies

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Canta incluso si el escenario tiembla bajo tus pies — Safo

La voz de Safo frente al temblor

La frase “Canta incluso si el escenario tiembla bajo tus pies” atribuida a Safo condensa una actitud vital: persistir en la expresión propia aun cuando el mundo se desmorona. Desde la isla de Lesbos, Safo (siglo VII a. C.) cantó al deseo, al miedo y a la vulnerabilidad sin ocultarlos, como muestran los fragmentos conservados donde confiesa que le “tiembla la lengua” ante la persona amada. De este modo, el temblor no se oculta, se nombra. Así, el mandato de seguir cantando no niega el miedo, sino que lo atraviesa, recordándonos que la autenticidad nace justamente en ese terreno inestable donde nos sentimos más expuestos.

El escenario como metáfora de la vida pública

Al hablar de “escenario”, la cita trasciende el teatro literal y se adentra en la esfera pública: el trabajo, las relaciones, los espacios donde somos vistos y juzgados. En ellos, el temblor puede ser la crítica, el fracaso o la exclusión. Sin embargo, igual que en la lírica arcaica griega, donde el poema se recitaba ante la comunidad, la propuesta es no retirarse cuando aparece la inseguridad. Por el contrario, se trata de seguir presentes, ocupando el propio lugar. De este modo, el escenario deja de ser solo un lugar de examen y se convierte en el ámbito donde la fragilidad puede transformarse en arte y vínculo.

El temblor como condición humana, no como defecto

Lejos de ser una falla a corregir, el temblor que recorre la cita funciona como recordatorio de nuestra condición humana. En varios de sus fragmentos, Safo describe reacciones corporales intensas —palpitaciones, sudor, pérdida de voz— ante la emoción, mostrando que el cuerpo revela lo que el alma no sabe disimular. Al llevar ese temblor al centro de la escena, el verso desplaza la idea de perfección: no se canta cuando ya no hay miedo, sino precisamente mientras existe. Así, el valor no consiste en eliminar la vulnerabilidad, sino en sostener la propia voz aun cuando la base se mueve, aceptando que la inestabilidad forma parte de estar vivo.

Persistir en la creación en tiempos de crisis

Desde esta perspectiva, la exhortación a cantar adquiere un sentido especialmente poderoso en épocas de crisis personales o colectivas. De modo similar a como en la tradición lírica griega la poesía servía para procesar guerras, pérdidas y cambios, aquí se sugiere que la respuesta al temblor no es el silencio resignado, sino la creación. Puede ser un canto literal, un poema, un gesto solidario o cualquier forma de expresión que nos mantenga en diálogo con los otros. Al continuar cantando, no negamos la sacudida, pero nos negamos a ser definidos únicamente por ella, construyendo un relato que incluye el dolor sin cederle la última palabra.

La ética de no abandonar la propia voz

Finalmente, el verso propone una ética de la perseverancia íntima: no abandonar la propia voz aunque todo alrededor parezca derrumbarse. Igual que en los testimonios de poetas que escriben en el exilio o bajo censura, cantar aquí es un acto de resistencia suave pero firme. No se trata de heroísmo grandilocuente, sino de una fidelidad cotidiana a lo que somos y sentimos. Así, la enseñanza que se desprende de Safo es clara: el temblor del escenario no es la señal de retirada, sino la invitación a afinar la voz, a hacerla más verdadera y más humana, justo en el momento en que parece más difícil sostenerla.