Del miedo a la acción: dar forma al futuro

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No vinimos aquí para temer al futuro. Vinimos aquí para darle forma. — Barack Obama
No vinimos aquí para temer al futuro. Vinimos aquí para darle forma. — Barack Obama

No vinimos aquí para temer al futuro. Vinimos aquí para darle forma. — Barack Obama

Del temor paralizante a la responsabilidad activa

La frase de Barack Obama traza una línea clara entre dos actitudes opuestas: temer pasivamente al futuro o asumir el deber de moldearlo. No se trata solo de un llamado a la valentía, sino de una redefinición del papel que cada persona ocupa en su tiempo histórico. En lugar de contemplar con angustia lo que vendrá, se nos invita a entendernos como protagonistas. Así, el futuro deja de ser una amenaza distante y se convierte en un proyecto común, sujeto a nuestras decisiones cotidianas y a nuestra capacidad de organizarnos colectivamente.

El contexto político: crisis como oportunidad

Este tipo de mensaje emergió con fuerza en momentos de incertidumbre económica y social, como los años posteriores a la crisis financiera de 2008. En sus discursos, Obama insistía en que las dificultades podían ser un punto de partida para reformas profundas, desde el sistema sanitario hasta la regulación financiera. De este modo, la frase no es ingenua: reconoce el peligro y la ansiedad, pero afirma que la respuesta no puede ser el miedo, sino la construcción activa de nuevas reglas, instituciones y acuerdos que abran horizontes distintos.

Ciudadanía y poder compartido

Hablar de “dar forma” al futuro implica reconocer que el poder no reside solo en los líderes, sino en la ciudadanía organizada. En la tradición democrática, desde Tocqueville hasta pensadores contemporáneos de la sociedad civil, se insiste en que las decisiones colectivas surgen de la participación, el debate y la presión social. En esta línea, la frase de Obama sugiere que votar, protestar, asociarse y dialogar son herramientas concretas para intervenir en lo que vendrá. Así, la política deja de ser espectáculo y se convierte en un espacio de corresponsabilidad.

Imaginación, innovación y cambio estructural

Para moldear el futuro no basta con resistir lo que no queremos; también hay que imaginar alternativas. De manera similar a lo que plantean autores como Amartya Sen al hablar de “capacidades”, esta visión subraya que el progreso se construye ampliando las posibilidades reales de las personas. Innovaciones tecnológicas, nuevos modelos educativos o economías más sostenibles son ejemplos de cómo la creatividad colectiva puede traducirse en transformaciones estructurales. En consecuencia, la frase alienta a pasar del miedo a la invención consciente de modelos más justos y viables.

Del discurso inspirador a la práctica diaria

Sin embargo, un lema inspirador corre el riesgo de quedarse en retórica si no se encarna en acciones concretas. La transición de temer a formar el futuro comienza en decisiones pequeñas: informarse mejor, apoyar proyectos comunitarios, exigir rendición de cuentas o modificar hábitos de consumo. Del mismo modo que los grandes cambios históricos se han tejido a partir de miles de gestos cotidianos, esta frase nos recuerda que cada día ofrece una oportunidad de orientar el rumbo colectivo. Así, el futuro deja de ser un destino fijo y se revela como una obra en permanente construcción.