Atreverse a soñar cuando el fracaso desaparece

Copiar enlace
3 min de lectura
¿Qué intentarías hacer si supieras que no vas a fallar? — Robert H. Schuller
¿Qué intentarías hacer si supieras que no vas a fallar? — Robert H. Schuller

¿Qué intentarías hacer si supieras que no vas a fallar? — Robert H. Schuller

La pregunta que desarma nuestras excusas

La frase de Robert H. Schuller funciona como un disparador incómodo: al imaginar que el fracaso no existe, se caen muchas de las razones con las que justificamos nuestra inacción. En lugar de preguntarnos qué es realista, nos obliga a mirar qué es verdaderamente deseado. Así, la cuestión ya no es si somos capaces, sino qué anhelos estamos ocultando detrás del miedo y la costumbre. Esta inversión de perspectiva abre un espacio honesto para reconocer sueños que quizá hemos callado durante años.

El miedo al fracaso como jaula invisible

A partir de esa pregunta, se hace evidente cuánto condiciona el miedo al fracaso nuestras decisiones cotidianas. Desde elegir una carrera hasta cambiar de ciudad, solemos priorizar lo «seguro» frente a lo significativo. Historias como la de J.K. Rowling, rechazada por múltiples editoriales antes de publicar Harry Potter, muestran que muchas metas no se alcanzan por falta de talento, sino por abandonar demasiado pronto. Reconocer el miedo como jaula invisible es el primer paso para abrir la puerta y asomarnos a alternativas más valientes.

Imaginar sin límites para descubrir deseos auténticos

Cuando suponemos que no vamos a fallar, la imaginación se libera de cálculos defensivos. En ese escenario hipotético, algunos descubrirán que querrían emprender un proyecto propio; otros, dedicarse al arte, estudiar otra disciplina o defender una causa social. Este ejercicio recuerda a la alegoría de la caverna en la *República* de Platón (c. 375 a. C.): salir de la cueva implica atreverse a ver más allá de las sombras conocidas. Del mismo modo, pensar sin el freno del fracaso revela qué nos importa de verdad, más allá de expectativas ajenas.

De la fantasía a un plan concreto

Sin embargo, la frase de Schuller no invita a vivir en la fantasía, sino a usarla como brújula. Una vez identificado aquello que haríamos sin miedo a fallar, el siguiente paso es traducirlo en acciones pequeñas y alcanzables. Autores de psicología del logro, como Carol Dweck con su teoría de la mentalidad de crecimiento, muestran que los grandes cambios se construyen mediante avances graduales, no saltos mágicos. Así, el sueño deja de ser una imagen lejana y se convierte en una serie de pasos concretos que podemos empezar hoy.

Reconciliarse con el error como parte del camino

Paradójicamente, cuanto más claro tenemos lo que haríamos sin riesgo, más necesario se vuelve aceptar que el fracaso real sí aparecerá. En lugar de verlo como veredicto, podemos entenderlo como información y ajuste de rumbo. Thomas Edison, tras cientos de intentos fallidos con la bombilla, afirmaba que solo había encontrado nuevas formas que no funcionaban. Esta actitud ilustra el núcleo del mensaje de Schuller: la valentía no nace de garantías, sino de decidir que el miedo a fallar no pesará más que el deseo de intentarlo.

Vivir alineado con lo que realmente importa

Al final, la pregunta «¿Qué intentarías hacer si supieras que no vas a fallar?» no busca respuestas perfectas, sino decisiones más coherentes. Incluso si nunca eliminamos el riesgo, podemos usar esta reflexión para ajustar nuestro día a día a lo que valoramos: cambiar de trayectoria profesional, iniciar una conversación pendiente o comprometer tiempo a un proyecto significativo. Así, en lugar de vivir huyendo del fracaso, comenzamos a vivir acercándonos, paso a paso, a una versión de nosotros mismos que nos parece más auténtica y plena.