Del Primer Verso al Estribillo de la Vida

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Canta el primer verso de tu vida y avanza hacia el estribillo. — Safo
Canta el primer verso de tu vida y avanza hacia el estribillo. — Safo

Canta el primer verso de tu vida y avanza hacia el estribillo. — Safo

Un inicio que es también un llamado

La frase “Canta el primer verso de tu vida y avanza hacia el estribillo” sugiere que toda existencia comienza como un balbuceo poético: tímido, incierto, pero lleno de promesas. Safo, famosa por convertir la experiencia íntima en canción, nos invita a entender la vida como un poema en construcción, donde el primer verso no es perfecto, pero es imprescindible. Así, el comienzo deja de ser una mera etapa y se convierte en un acto de valentía: atreverse a sonar, a decir, a desafinar si hace falta, para poder seguir cantando después.

El verso como identidad naciente

Desde esta perspectiva, el “primer verso” representa aquellas decisiones iniciales que van delineando quiénes somos: la primera pasión, el primer amor, el primer ‘no’ pronunciado con convicción. Del mismo modo que en la lírica de Safo se reconoce una voz inconfundible aun en fragmentos mínimos (como en el célebre poema 31, donde describe el temblor del deseo), cada gesto temprano de nuestra vida empieza a marcar un tono propio. Ese tono, aunque aún frágil, ya contiene la semilla de un estilo vital, una cadencia que, con el tiempo, se hará más firme y reconocible.

El estribillo como sentido que se repite

Sin embargo, Safo no se detiene en el arranque: nos insta a “avanzar hacia el estribillo”. En la música y la poesía, el estribillo es la parte que vuelve, aquello que se memoriza y se corea. Trasladado a la vida, ese estribillo es el motivo profundo que se repite a lo largo del tiempo: la causa que siempre retomamos, el tipo de vínculos que elegimos una y otra vez, incluso los errores que reinciden hasta enseñarnos algo. Así como un buen estribillo concentra la emoción de toda la canción, ese núcleo repetido condensa lo que realmente nos importa y da unidad a experiencias dispersas.

De la improvisación al ritmo propio

Entre el primer verso y el estribillo se abre un tramo de ensayo y error, semejante al proceso creativo de cualquier poeta. Las elegías y fragmentos atribuidos a Safo muestran voces que dudan, anhelan y se contradicen, hasta encontrar imágenes precisas para el deseo. Del mismo modo, nuestras decisiones intermedias funcionan como borradores vitales: trabajos que se abandonan, afectos que se transforman, mudanzas que parecen caprichosas pero afinan nuestra melodía interna. Con cada intento, el ritmo se vuelve más nítido y poco a poco aprendemos a reconocer cuándo algo desafina con lo que queremos ser.

Convertir la vida en canto consciente

Finalmente, avanzar hacia el estribillo implica vivir con la intención de que aquello que se repite en nuestra historia no sea mero hábito, sino elección. En vez de dejarnos llevar por ritmos ajenos—las expectativas sociales, los mandatos familiares—, la invitación de Safo es a asumir la autoría de nuestra propia canción. Así, el estribillo deja de ser un destino inconsciente y pasa a ser el corazón de un proyecto: repetimos gestos de cuidado, de búsqueda, de creación, porque hemos decidido que ese será nuestro tema central. Y entonces, al mirar hacia atrás, vemos que cada verso previo, incluso el más torpe, nos conducía ya a ese cantar que, por fin, sentimos verdaderamente nuestro.