Romper la única historia: más allá de estereotipos

El problema de los estereotipos no es que sean falsos, sino que son incompletos. Hacen que una sola historia se convierta en la única historia. — Chimamanda Ngozi Adichie
La trampa de la historia única
Chimamanda Ngozi Adichie advierte que el verdadero peligro de los estereotipos no reside tanto en su falsedad como en su carácter incompleto. Un estereotipo suele partir de un fragmento de realidad que, aislado y repetido, termina pareciendo el todo. Así, una sola historia —la del país pobre, la mujer sumisa o el inmigrante delincuente— se impone como la explicación definitiva. De este modo, lo parcial se vuelve absoluto y clausura la posibilidad de otras miradas. Cuando esa única historia domina, las personas dejan de ser sujetos complejos y se convierten en personajes planos, definidos por un solo rasgo.
Cómo se fabrica un estereotipo
Para comprender este mecanismo, conviene observar cómo se construyen los estereotipos: se seleccionan algunos rasgos llamativos, se repiten una y otra vez en medios, chistes, películas o anécdotas, y se omiten sistemáticamente las excepciones. La reiteración genera familiaridad y, con ella, credibilidad. En su charla “The Danger of a Single Story” (TED, 2009), Adichie relata cómo, al llegar a Estados Unidos, muchos asumían que, por ser nigeriana, solo conocía la guerra o la miseria. No era una mentira absoluta: esos problemas existen. Sin embargo, al ignorar la diversidad de experiencias africanas, la historia dominante se volvía distorsionada y empobrecedora.
El poder de quien cuenta las historias
Esta dinámica está estrechamente vinculada al poder. Quien tiene acceso a los medios, a la educación o a la producción cultural decide qué historias se cuentan y cuáles se silencian. Así, las naciones ricas suelen narrar a las pobres, los grupos mayoritarios describen a las minorías y los vencedores escriben la historia oficial. Como en la célebre frase atribuida al escritor nigeriano Chinua Achebe, mientras los leones no tengan sus propios narradores, las historias de caza seguirán glorificando al cazador. Adichie señala que el desequilibrio no es solo económico o político: también es narrativo. Romper la única historia implica redistribuir la voz.
Consecuencias cotidianas de los relatos incompletos
Lejos de ser una abstracción, la historia única se filtra en la vida diaria. Determina a quién se teme en la calle, a quién se considera competente en una entrevista de trabajo o a quién se ve como “excepción” dentro de su grupo. Adichie cuenta que, de niña, solo leía autores británicos o estadounidenses, de modo que empezó a escribir sobre personajes rubios que bebían cerveza de jengibre, ignorando su propio entorno. Ese ejemplo muestra cómo el estereotipo no solo margina a otros; también coloniza la imaginación de quienes lo padecen. Cuando interiorizamos una única historia sobre nosotros mismos, reducimos nuestras propias posibilidades de ser.
Recuperar la complejidad: muchas historias, muchas identidades
Superar los estereotipos no significa negar los conflictos ni idealizar a nadie, sino multiplicar las perspectivas. Al sumar historias —de éxito y de fracaso, de dolor y de alegría— empezamos a ver a las personas como entramados de identidades cambiantes. La literatura de Adichie, como “Americanah” (2013), encarna esta apuesta: sus personajes nigerianos no son símbolos estáticos, sino individuos contradictorios que viven amores, migraciones y tensiones de clase. Esta pluralidad narrativa desactiva la tentación de reducir a alguien a una sola etiqueta y nos recuerda que toda vida es demasiado vasta para caber en un único relato.
Responsabilidad personal en tiempos de sobreinformación
En una era saturada de noticias, redes y opiniones instantáneas, el riesgo de aferrarse a historias simplificadas es aún mayor. Sin embargo, también lo es nuestra capacidad de acceder a voces diversas. Asumir la advertencia de Adichie implica una responsabilidad doble: desconfiar de la comodidad de la explicación única y buscar activamente relatos alternativos, especialmente aquellos contados por las propias comunidades implicadas. Leer autoras y autores de diferentes contextos, escuchar medios locales o dialogar con personas fuera de nuestro círculo son formas concretas de ampliar el mapa. Así, al complejizar nuestras historias, damos un paso hacia relaciones más justas y miradas más humildes.