Presentarse Con Amor Para Crear Verdadero Valor

Preséntate con amor y crea algo útil. — Toni Morrison
El acto de presentarse como punto de partida
Antes de crear algo útil, Toni Morrison nos invita a fijarnos en un gesto previo: presentarnos. No se trata solo de llegar físicamente, sino de acudir con atención, presencia y responsabilidad. Así como en una clase vacía no puede haber aprendizaje, en la vida no puede haber verdadera obra sin alguien que se haga presente de cuerpo y de espíritu. Esta frase desplaza el foco del resultado al origen, recordándonos que toda creación comienza en la decisión íntima de estar ahí, disponibles para el trabajo, para los demás y para nosotros mismos.
El amor como disposición interior
Sin embargo, Morrison precisa que no basta con presentarse; hay que hacerlo con amor. Esto transforma una simple asistencia en una disposición interior: respeto por lo que se hace, cuidado por las personas implicadas y responsabilidad por las consecuencias. Similar al concepto de ‘agape’ en textos cristianos primitivos, este amor no es solo emoción, sino voluntad activa de bien. Al introducir el amor en el punto de partida, la autora sugiere que la calidad ética y humana de lo que creemos está determinada por el modo en que llegamos a la tarea.
De la intención amorosa a la utilidad real
A partir de esta base afectiva, la frase enlaza con la utilidad: crear algo útil. Morrison no habla de crear cualquier cosa, sino algo que sirva, que alivie, que abra caminos. Así, la utilidad deja de ser un criterio frío y técnico para volverse una consecuencia del amor puesto en práctica. Como ocurre en la pedagogía crítica de Paulo Freire en “Pedagogía del oprimido” (1968), la utilidad auténtica nace de preguntarse: ¿a quién sirve lo que hago?, ¿cómo transforma una realidad concreta? El amor orienta la brújula de esa pregunta hacia el bien común.
La utilidad como servicio y no como productividad vacía
Vista desde este ángulo, la utilidad no equivale a productividad frenética ni a éxito medido solo en cifras. Morrison nos permite leer “útil” como sinónimo de servicio: aquello que sostiene, acompaña o libera. Un libro que consuela, una conversación que escucha de verdad, un proyecto que mejora una comunidad son creaciones útiles porque responden a necesidades reales. De forma similar, la ética del cuidado desarrollada por Carol Gilligan en “In a Different Voice” (1982) resalta que el valor de una acción no se mide solo por su eficiencia, sino por la red de relaciones que fortalece.
Responsabilidad creativa en tiempos de incertidumbre
En contextos de crisis, desigualdad o desinformación, la frase de Morrison cobra aún más peso: no basta con producir más contenido, tecnologías o discursos; necesitamos que quienes los generan se presenten con amor. Esto implica examinar privilegios, escuchar a los más vulnerables y preguntarse constantemente qué tipo de mundo se refuerza con cada acción creativa. Del mismo modo que Morrison exploró en novelas como “Beloved” (1987) el impacto humano de la esclavitud, aquí nos recuerda que toda creación tiene efectos concretos en vidas concretas.
Un llamado personal: cómo encarnar la frase
Finalmente, la cita puede leerse como un pequeño programa de vida: antes de cada encuentro, tarea o proyecto, preguntarnos si estamos llegando con prisa o con amor. Esto no requiere gestos grandiosos, sino prácticas cotidianas: escuchar sin interrumpir, revisar el daño potencial de nuestras palabras, diseñar soluciones pensando en quienes menos voz tienen. Así, presentar-se con amor deja de ser un ideal abstracto y se convierte en método para que cualquier persona, desde su lugar, pueda empezar a crear algo verdaderamente útil para los demás.