Moldea el presente con voluntad y propósito

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Acepta el presente como arcilla — presiona tu voluntad y dale forma. — Marco Aurelio
Acepta el presente como arcilla — presiona tu voluntad y dale forma. — Marco Aurelio

Acepta el presente como arcilla — presiona tu voluntad y dale forma. — Marco Aurelio

El presente como materia moldeable

La frase propone un giro esencial: en vez de ver el presente como una losa inevitable, Marco Aurelio invita a tratarlo como arcilla, una materia aún sin destino final. Esa imagen sugiere que lo que ocurre ahora no está “terminado” hasta que intervenimos con nuestro juicio y nuestras acciones. A partir de ahí, la idea no niega los hechos externos, sino que desplaza el énfasis hacia lo que sí puede transformarse: la respuesta. En sus *Meditaciones* (c. 170–180 d. C.), el emperador estoico vuelve una y otra vez a esta distinción, recordando que la vida se decide menos por el golpe de la circunstancia que por la forma que le damos desde dentro.

Voluntad: presión, no mero deseo

Luego aparece el verbo “presiona”, que no tiene nada de ornamental: la voluntad aquí no es un deseo amable, sino una fuerza que actúa, insiste y organiza. Presionar la arcilla implica esfuerzo sostenido, repetición, corrección de errores; no basta con “querer” una forma, hay que trabajarla. En términos estoicos, esto se aproxima a la *prohairesis*, la facultad de elegir cómo interpretar y actuar. Epicteto, en el *Enchiridion* (c. 125 d. C.), subraya que la libertad humana vive precisamente en esa elección interior. La frase, por tanto, no idealiza la fuerza de voluntad como magia: la sitúa como disciplina concreta aplicada al instante presente.

Dar forma: convertir reacción en dirección

Con esa base, “darle forma” significa pasar de reaccionar a dirigir. Reaccionar es dejar que el ánimo copie la forma del entorno; dirigir es imponer una intención: un hábito, un plan, una virtud. La arcilla se vuelve figura cuando hay propósito, y el día se vuelve camino cuando hay criterio. En la práctica, esto puede verse en decisiones pequeñas pero decisivas: alguien que recibe una crítica puede endurecerse y devolver ataque, o puede usarla como material para mejorar una habilidad. El mismo hecho externo permanece, pero la forma final cambia. Así, la frase empuja a tratar cada instante como taller: lo que hoy parece informe puede volverse carácter, obra o aprendizaje.

Aceptación activa: no resignación

El imperativo “acepta” podría confundirse con rendición, pero aquí funciona como punto de partida para la acción, no como cierre. Aceptar el presente es reconocer la realidad tal cual es, sin añadirle queja innecesaria; precisamente por eso se libera energía para modelarlo. Esta aceptación activa coincide con el estoicismo clásico: distinguir entre lo que depende de nosotros y lo que no. Marco Aurelio insiste en que la resistencia emocional a lo inevitable suele ser lo que más nos hiere, mientras que la claridad permite actuar con eficacia. Así, aceptar es despejar la mesa de trabajo; moldear es empezar a esculpir.

Virtud como forma final del día

Finalmente, la frase apunta a que la forma no es caprichosa: el “producto” del moldeado es una vida más coherente y virtuosa. En el marco de Marco Aurelio, la voluntad no sirve para controlar a otros ni para forzar el mundo, sino para encarnar justicia, templanza, valentía y sabiduría en lo cotidiano. Por eso la metáfora de la arcilla termina siendo ética: cada jornada ofrece material para construir carácter. Incluso cuando las circunstancias son estrechas, aún queda margen para decidir el tono, la palabra, el gesto y la intención. De este modo, el presente no se padece como destino fijo: se trabaja como una pieza en progreso.