Rebeldía con plan, compasión como brújula

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Haz de la rebeldía un plan y de la compasión su brújula. — Arundhati Roy
Haz de la rebeldía un plan y de la compasión su brújula. — Arundhati Roy

Haz de la rebeldía un plan y de la compasión su brújula. — Arundhati Roy

La rebeldía como estrategia, no como impulso

La frase propone una rebelión que deja de ser un arrebato para convertirse en un método: “haz de la rebeldía un plan”. Con ello, Arundhati Roy sugiere que la indignación, por legítima que sea, necesita arquitectura: metas, prioridades, recursos y tiempos. No se trata de domesticar la protesta, sino de volverla eficaz. A partir de ahí, la rebeldía se entiende como una práctica sostenida, capaz de aprender de errores y de adaptarse. En vez de reaccionar únicamente ante la injusticia, el plan permite anticipar escenarios y construir alternativas, como hicieron muchos movimientos que pasaron de la denuncia a la creación de redes, cooperativas o litigios estratégicos. La rebeldía, así, deja de agotarse en el grito y comienza a producir cambios verificables.

La compasión como criterio moral de la acción

Sin embargo, Roy no solo pide eficacia: exige dirección ética. Por eso añade “y de la compasión su brújula”. La brújula no empuja, orienta; evita que el plan se convierta en mera lucha de poder o en una revancha disfrazada de justicia. En este marco, la compasión no es sentimentalismo, sino atención activa al daño, a la vulnerabilidad y a las consecuencias sobre quienes suelen pagar el costo de las grandes ideas. En continuidad con esa imagen, la compasión funciona como un filtro: ¿a quién protege esta medida?, ¿a quién expone?, ¿quién queda fuera? Así, el plan rebelde se alinea con una ética que busca reparar y no solo vencer, y recuerda que el fin no justifica medios que reproduzcan la crueldad que se intenta combatir.

Eficacia sin deshumanización: el equilibrio difícil

Con el plan llega la tentación del cálculo frío; con la compasión, el riesgo de quedarse en la intención. La fuerza de la frase está en unir ambos polos para resolver ese dilema: actuar con precisión sin perder humanidad. En otras palabras, Roy plantea que la transformación social requiere disciplina, pero una disciplina que no convierta a las personas en “daños colaterales”. Este equilibrio también ilumina conflictos internos de cualquier causa: cuando el cansancio crece, es fácil simplificar al adversario en caricatura y justificar el desprecio. La brújula compasiva frena esa deriva y recuerda que incluso la confrontación necesita límites. De este modo, la rebeldía no se degrada en cinismo, y la compasión no se diluye en pasividad.

De la protesta al tejido: construir alternativas

A continuación, el “plan” sugiere una transición: pasar de oponerse a proponer. La rebeldía planificada no solo identifica lo intolerable; diseña lo posible. Eso puede significar crear instituciones paralelas, prácticas comunitarias o mecanismos de cuidado mutuo que sostengan a quienes participan y a quienes podrían beneficiarse después. Aquí la compasión se vuelve operativa: no se limita a “sentir por” otros, sino que organiza prioridades concretas—por ejemplo, accesibilidad, seguridad, acompañamiento legal o apoyo emocional. La brújula marca el norte de lo que se construye: alternativas que disminuyan sufrimiento y amplíen dignidad, en lugar de modelos que solo cambien de manos el control.

Responsabilidad: prever consecuencias y aprender

Finalmente, la frase invita a pensar la rebelión como responsabilidad continuada. Un plan implica evaluar resultados, corregir rumbos y aceptar que una acción puede tener efectos no deseados. En esa revisión, la compasión aporta sensibilidad para escuchar a quienes fueron afectados, incluso si su experiencia contradice la narrativa heroica del movimiento. Así, la propuesta de Roy concluye en una ética de madurez: rebelarse no es solo decir “no”, sino hacerse cargo del “sí” que se quiere levantar. Cuando la compasión orienta y el plan sostiene, la rebeldía puede durar sin endurecerse, y puede ganar sin perder aquello que la justificaba: la defensa concreta de vidas humanas.