La fuerza que nace al servir a otros

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Extiende tus manos hacia el servicio y encuentra tu fuerza ampliada. — Amrita Pritam
Extiende tus manos hacia el servicio y encuentra tu fuerza ampliada. — Amrita Pritam

Extiende tus manos hacia el servicio y encuentra tu fuerza ampliada. — Amrita Pritam

El gesto de extender las manos

La frase de Amrita Pritam comienza con una imagen sencilla y corporal: “extiende tus manos”. No es solo una invitación a ayudar, sino a adoptar una postura ante la vida en la que la acción precede a la certeza. Cuando alguien tiende la mano —para levantar, acompañar, compartir— el cuerpo se vuelve símbolo de una voluntad que sale de sí misma. A partir de esa salida, el yo deja de ser un espacio cerrado y se convierte en un puente. Y es precisamente en ese movimiento hacia afuera donde Pritam sugiere que empieza a revelarse una fuerza distinta, menos ligada al control y más a la conexión.

Servicio como camino, no como sacrificio

En seguida, la palabra “servicio” reorienta la lectura: no habla de heroicidades grandilocuentes, sino de una ética cotidiana. Servir no implica anularse, sino elegir que el propio tiempo y capacidad tengan un uso que alivie o mejore la vida de alguien. En ese sentido, la idea se emparenta con el “karma yoga” de la Bhagavad Gita (c. siglo II a. C.–siglo II d. C.), donde la acción ofrecida con desapego se vuelve una forma de claridad interior. Así, el servicio aparece como un camino práctico: una disciplina de atención hacia lo real, donde el valor no depende del reconocimiento, sino de la dirección del acto.

La paradoja de la fuerza ampliada

Luego llega el giro central: “encuentra tu fuerza ampliada”. La paradoja es clara: al dar, uno no se vacía necesariamente; a menudo se expande. Pritam no promete una energía mágica, sino una transformación de escala: la fuerza ya no es solo resistencia individual, sino capacidad relacional para sostener y sostenerse. En la experiencia diaria esto se nota cuando, por ejemplo, alguien acompaña a un vecino enfermo o enseña a otro lo que sabe: la tarea puede cansar, pero también ordena la mente, afina el propósito y crea una sensación de solidez interna. La fuerza se amplía porque se apoya en un sentido.

Identidad y sentido al ayudar

A continuación, la frase sugiere que el servicio no solo produce efectos externos, sino que reconfigura quiénes somos. En términos psicológicos, el comportamiento prosocial se asocia con mayor bienestar subjetivo y sentido vital; estudios sobre voluntariado han encontrado vínculos con satisfacción y salud percibida (por ejemplo, revisiones en salud pública como Jenkinson et al., BMC Public Health, 2013). Sin convertir el servicio en una “estrategia” de felicidad, estos hallazgos iluminan el punto de Pritam: ayudar puede fortalecer porque integra valores y acción. Cuando lo que creemos y lo que hacemos se alinean, la identidad se vuelve menos frágil. Y esa estabilidad es una forma profunda de fuerza.

De la compasión íntima a lo colectivo

Después, el acto individual de servir se abre a una dimensión social. Extender las manos no solo cambia a quien ayuda y a quien recibe; también modela la confianza en una comunidad. Hannah Arendt, en The Human Condition (1958), describe la “acción” como aquello que aparece entre personas y crea mundo compartido; el servicio, en su versión concreta, puede entenderse como una forma de acción que teje vínculos donde antes había aislamiento. Así, la fuerza ampliada no es únicamente privada: se vuelve infraestructura humana. Un barrio que se organiza para cuidar a sus mayores o una red que acompaña a migrantes no solo resuelve necesidades; produce resiliencia colectiva, una fuerza que ningún individuo podría sostener en solitario.

Servir con límites y dignidad

Finalmente, la invitación de Pritam se entiende mejor cuando se acompaña de discernimiento. Extender las manos no significa tolerar abusos ni confundir servicio con sumisión; la fuerza ampliada también incluye aprender a decir “hasta aquí” para cuidar la continuidad del propio dar. En tradiciones de cuidado contemporáneo se insiste en que la compasión sostenible requiere límites, descanso y reciprocidad. De este modo, la frase cierra como una práctica equilibrada: servir para crecer, pero crecer también para servir mejor. Al unir entrega con claridad, el servicio deja de ser un desgaste y se convierte en una fuente de vigor con raíces profundas.