Silencio y propósito como brújulas interiores

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Lleva el silencio en un bolsillo y el propósito en el otro. — Octavio Paz

Dos bolsillos, dos fuerzas

Octavio Paz condensa en una imagen cotidiana—los bolsillos—una ética de vida: llevar consigo el silencio y el propósito como recursos portátiles, disponibles en cualquier circunstancia. El silencio no aparece como vacío, sino como reserva; el propósito, como dirección. Juntos forman una especie de equipaje interior: uno protege el espacio donde se aclara la mente y el otro sostiene la marcha cuando el entorno distrae. A partir de esa dualidad, la frase sugiere que no basta con querer avanzar: también hay que saber callar para escuchar lo esencial. Así, lo que parece una recomendación simple se convierte en un método: alternar contención y acción, pausa y decisión, para no perderse en el ruido ni caer en la inercia.

El silencio como herramienta, no ausencia

En primer término, el silencio aquí funciona como una práctica activa. No se trata de callar por timidez o sumisión, sino de elegir un intervalo donde la experiencia se decanta. Tradiciones contemplativas han descrito este valor durante siglos: en el taoísmo, por ejemplo, el *Tao Te Ching* (atrib. Laozi, s. VI–IV a. C.) exalta la utilidad de lo no dicho y lo vacío como condición de lo posible. Con esa perspectiva, “llevar el silencio” implica disponer de un refugio inmediato ante el exceso de estímulos: una forma de no reaccionar automáticamente. Y justamente porque el silencio se lleva “en un bolsillo”, no es retiro permanente; es una pausa accesible en medio de la vida pública, una microdisciplina para recuperar centro.

El propósito como hilo conductor

A continuación aparece el propósito: la intención que organiza los días y evita que el tiempo se disperse. Mientras el silencio abre un espacio interior, el propósito lo orienta hacia afuera, hacia decisiones concretas. En este sentido, la frase no idealiza la inspiración repentina; propone una constancia discreta. Viktor Frankl, en *Man’s Search for Meaning* (1946), sostiene que el sentido puede sostener a una persona incluso en circunstancias extremas, actuando como eje de resistencia y coherencia. Por eso el propósito va “en el otro bolsillo”: acompaña como un objeto pequeño pero imprescindible, como una nota doblada que se consulta cuando hay dudas. No es grandilocuencia; es recordatorio. Donde el silencio aquieta, el propósito empuja, y la combinación evita tanto el ruido improductivo como la quietud sin dirección.

Equilibrio entre escuchar y actuar

Luego, la tensión productiva entre ambos elementos se vuelve el corazón del consejo. El silencio sin propósito puede convertirse en repliegue estéril; el propósito sin silencio, en obstinación ciega o activismo ansioso. La imagen de los dos bolsillos sugiere alternancia: primero escuchar, después decidir; primero comprender, luego intervenir. En la vida cotidiana esto se parece a un hábito sencillo: antes de responder un mensaje delicado, se guarda un segundo de silencio para no escribir desde la irritación; después se recuerda el propósito—resolver, cuidar el vínculo, ser claro—y se actúa. Así, la frase describe una técnica de gobierno de sí: no apagar el mundo, sino administrarlo desde un centro más lúcido.

El lenguaje poético como disciplina ética

Más adelante, vale notar que Paz no formula una norma moral directa; ofrece una metáfora. Y esa elección importa: la poesía no manda, sugiere. Al hablar de bolsillos, acerca lo abstracto al cuerpo, a lo que se toca y se lleva. Como en ciertos pasajes de *El arco y la lira* (1956), Paz explora cómo la palabra poética no solo nombra la experiencia, sino que la reorganiza, creando un modo de atención. En consecuencia, la frase se lee como una invitación a vivir con cuidado del lenguaje y del tiempo interior. El silencio protege la calidad de la percepción; el propósito protege la calidad del rumbo. Al unirlos en una misma imagen, la poesía se vuelve una pedagogía: enseña sin sermón, mediante una escena mínima que puede acompañar al lector como un objeto guardado.

Una práctica para tiempos de ruido

Finalmente, la cita resuena con especial fuerza en contextos saturados de opinión inmediata. Llevar silencio en el bolsillo equivale a recuperar soberanía sobre la atención; llevar propósito, a no confundir urgencia con importancia. En una época donde todo exige respuesta, el silencio funciona como filtro; donde todo ofrece caminos, el propósito funciona como brújula. La propuesta no es escapar del mundo, sino entrar en él con una doble preparación: una reserva de calma y una claridad de intención. Así, Paz deja una consigna portátil: ante la prisa, pausa; ante la dispersión, dirección. Con esos dos “objetos” discretos, la vida cotidiana puede volverse más consciente, menos reactiva y, en el mejor sentido, más libre.