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Ganar antes de luchar: la estrategia de Sun Tzu

Creado el: 23 de agosto de 2025

Los guerreros victoriosos primero ganan y luego van a la guerra, mientras que los guerreros derrotad
Los guerreros victoriosos primero ganan y luego van a la guerra, mientras que los guerreros derrotados primero van a la guerra y luego buscan la victoria. — Sun Tzu

Los guerreros victoriosos primero ganan y luego van a la guerra, mientras que los guerreros derrotados primero van a la guerra y luego buscan la victoria. — Sun Tzu

Ganar antes de luchar

De entrada, Sun Tzu invierte el orden intuitivo: la victoria no es fruto del choque, sino de la preparación que lo antecede. Ganar primero significa alinear medios, objetivos, tiempo y voluntad hasta que el enfrentamiento sea casi una formalidad. En El arte de la guerra (siglo V a. C.) se insiste en reducir la incertidumbre y forzar al adversario a entrar en un marco desfavorable, incluso sin combatir. De ahí su máxima paralela: el supremo arte es someter sin lucha.

Condiciones que inclinan la balanza

A continuación, crear condiciones es, sobre todo, modelar el terreno, el clima y la percepción del enemigo. Austerlitz (1805) ofrece un ejemplo clásico: Napoleón fingió debilidad en su ala derecha para atraer a aliados confiados fuera de las alturas de Pratzen; cuando descendieron, lanzó su golpe central y partió al ejército contrario. Esa victoria estuvo preparada por reconocimientos, elección del campo y un guion táctico paciente, no por improvisación en el fragor.

Inteligencia y engaño estratégico

Asimismo, la información decide antes que la pólvora. Sun Tzu dedica un capítulo al empleo de espías, recordando que conocer al enemigo y a uno mismo evita cien derrotas. Siglos después, la Operación Bodyguard (1944) sembró señuelos, radios falsas y un ejército fantasma para hacer creer a la Wehrmacht que el desembarco sería en Calais; bajo ese velo, Normandía prosperó. La victoria, de nuevo, se aseguró primero en la mente del adversario, y solo después en la playa.

Logística, disciplina y preparación silenciosa

Por otra parte, ganar de antemano es sostener lo invisible: abastecimiento, entrenamiento y ritmos. Sun Tzu advierte que campañas prolongadas agotan al Estado; por eso, la eficiencia previa es decisiva. Las legiones romanas, con campamentos estandarizados y caminos que acortaban distancias, preparaban cada batalla mucho antes de formarse en línea. La disciplina cotidiana convertía el combate en la culminación de una rutina, no en una apuesta al azar.

Moral, ritmo y la noción de shi

En ese sentido, la fuerza moral y el impulso importan tanto como las cifras. La tradición china habla del shi, la configuración de la potencia: un encadenamiento de disposiciones que hace natural la victoria. El propio tratado compara el ímpetu con una roca que rueda montaña abajo: cuando llega el choque, la gravedad hace el resto. Preparar el espíritu, el mando y la cohesión es, pues, apilar esa roca en la cima correcta.

Aplicaciones en negocios y vida cotidiana

Trasladado al mundo civil, ganar primero es validar antes de escalar: estudiar al cliente, ensayar en pequeño y diseñar márgenes logísticos. El Toyota Production System mostró cómo prevenir desperdicios y fallos antes de que aparezcan; el premortem de Gary Klein (2007) invita a imaginar el fracaso y retroplanificar para evitarlo. Del mismo modo, Andy Grove en Only the Paranoid Survive (1996) aconseja leer los puntos de inflexión antes de que estallen.

De la planificación a la ejecución responsable

Por último, preparar no es paralizarse. La lógica de Sun Tzu culmina en actuar cuando las condiciones están maduras. El ciclo OODA de John Boyd (observar, orientar, decidir, actuar) resume ese tránsito ágil: cerrar la brecha entre análisis y movimiento. Así, el guerrero victorioso no confía en la suerte del campo; la crea, y entra en él cuando ya ha inclinado el resultado.