Perdonar, arriesgar y decidir sin certeza plena
Creado el: 26 de agosto de 2025

Perdona pronto, actúa con audacia y no esperes la certeza perfecta — Desmond Tutu
El perdón como comienzo
Para empezar, Tutu formula un orden moral: primero se suelta el rencor. No es ingenuidad; es estrategia de reconstrucción. En Sudáfrica, la Comisión de la Verdad y Reconciliación (1996–1998), que él presidió, mostró que el perdón puede abrir caminos donde la venganza los clausura. Hubo testimonios en los que víctimas ofrecieron perdón tras confesiones completas, desactivando ciclos de violencia. Esta intuición se enraíza en la ética ubuntu—“yo soy porque nosotros somos”—que Tutu explicó en No Future Without Forgiveness (1999). Así, el perdón no borra la verdad: la pone en la mesa para poder avanzar. Desde ese suelo, las sociedades y las personas recuperan agencia, lo que conduce naturalmente a la segunda invitación del aforismo: atreverse a actuar.
La audacia que mueve la historia
A partir de ese suelo moral, Tutu defendió una audacia responsable: denunció el apartheid y pidió sanciones internacionales cuando muchos pedían cautela; por esa valentía recibió el Premio Nobel de la Paz en 1984. Actuar con audacia no es temeridad, sino decisión informada ante la injusticia. Además, la audacia contagia: una voz valiente legitima nuevas voces y acelera cambios que parecían imposibles. Sin embargo, incluso los actos valientes se toman sin garantías absolutas, lo que enlaza con la tercera parte de su consejo: no esperar la certeza perfecta.
Decidir sin certeza absoluta
En paralelo, la vida rara vez ofrece datos completos. Frank Knight distinguió entre riesgo y verdadera incertidumbre (Risk, Uncertainty, and Profit, 1921), recordándonos que a veces no hay probabilidades conocidas. Herbert A. Simon propuso entonces la racionalidad limitada y el “satisficing”: decidir con suficiente información, no con toda (Nobel 1978). Este enfoque ha llegado al liderazgo contemporáneo: Jeff Bezos sugiere decidir con aproximadamente 70% de información y corregir rápido (carta a accionistas, 2016). Esperar certeza perfecta paraliza y, paradójicamente, empeora los resultados. Por eso, la acción oportuna—sujeta a revisión—supera a la indecisión. Aquí, el perdón vuelve a ser clave: permite asumir errores como parte del aprendizaje y mantener el movimiento.
Un círculo virtuoso entre las tres
De ese modo, las tres ideas se potencian. El perdón reduce el miedo a equivocarse, lo que habilita la audacia. Esa audacia, al desplegarse en entornos inciertos, necesita la humildad de decidir sin garantías y aprender. Amy Edmondson mostró que la seguridad psicológica—donde el error se discute sin castigo—incrementa el desempeño y la innovación (The Fearless Organization, 2018). Asimismo, la práctica de corregir sin humillar refuerza el tejido social y organizacional: la gente se atreve a proponer, a experimentar y a alertar de riesgos. Así, perdonar pronto no debilita la exigencia; la orienta hacia la mejora continua.
Herramientas prácticas para liderar
En la práctica, liderar con este triángulo implica diseñar ciclos cortos de ensayo-aprendizaje: planear, probar, estudiar y ajustar, como sugiere el ciclo PDSA de W. Edwards Deming (Out of the Crisis, 1986). Decidir con 70% de información, explicitar hipótesis y fijar métricas reduce la ansiedad por lo perfecto. Además, instaurar retrospectivas sin culpas y acuerdos de “primero comprender, luego corregir” traduce el perdón en procesos. En políticas públicas, los pilotos controlados minimizan daños y aceleran evidencia; en empresas, los lanzamientos graduales y los “feature flags” combinan audacia con contención. Todo ello mantiene el avance sin el lastre de esperar certezas inalcanzables.
Límites éticos del perdón y el riesgo
Por último, perdonar no equivale a impunidad. La justicia restaurativa que promovió la TRC condicionó amnistías a confesiones completas y públicas, equilibrando verdad, reparación y reintegración. El perdón abre el futuro, pero la responsabilidad sostiene la confianza. Igualmente, la audacia requiere barandillas: preferir decisiones reversibles (las “de dos vías” en la carta de Bezos, 2015), practicar pre-mortems para anticipar fallos (Gary Klein, 2007) y detener de inmediato experimentos que superen umbrales de daño. Así, el consejo de Tutu se vuelve operable: perdonar pronto para no quedar atrapados, actuar con audacia para transformar, y decidir sin esperar certezas imposibles para no llegar tarde.