De la incertidumbre a la acción estoica

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Convierte la incertidumbre en pasos firmes y sigue adelante. — Marco Aurelio
Convierte la incertidumbre en pasos firmes y sigue adelante. — Marco Aurelio

Convierte la incertidumbre en pasos firmes y sigue adelante. — Marco Aurelio

Un eco de las Meditaciones

Para empezar, la exhortación “convierte la incertidumbre en pasos firmes” condensa la actitud práctica del estoicismo que Marco Aurelio cultivó. Aunque la frase no aparece literalmente en sus Meditaciones, refleja su insistencia en actuar con rectitud pese a lo ambiguo. En Meditaciones (c. 170 d.C.) vuelve sobre una idea clave: la vida no garantiza claridad, pero siempre ofrece la posibilidad de una acción justa en el presente. En ese espíritu, su reinado atravesó la Peste Antonina (165–180 d.C.) y campañas en el Danubio; contextos en los que la claridad perfecta era imposible y, sin embargo, la acción era inaplazable. Así, la máxima no glorifica la temeridad, sino el enfoque: tomar el siguiente paso virtuoso cuando el panorama aún es bruma.

Distinguir lo que depende de ti

Sobre esa base, el primer movimiento es separar lo controlable de lo incontrolable. Epicteto lo formula con precisión en el Enchiridion 1: unas cosas dependen de nosotros (juicios, elecciones), otras no (fama, azar). Marco Aurelio adopta este filtro para despejar ruido y encontrar el punto de apoyo desde el cual actuar. Aplicado hoy, un ejercicio simple es la hoja en dos columnas: izquierda, “lo que depende de mí”; derecha, “lo que no”. El objetivo no es negar la realidad, sino aislar el 10–20% que sí puede convertirse en paso. Ese gesto mental reduce la ansiedad difusa y transforma la incertidumbre en un campo de maniobra.

Del miedo difuso al siguiente paso

A continuación, conviene traducir lo controlable en una micro-acción verificable. La psicología de las intenciones de implementación muestra que los planes si–entonces (“Si ocurre X, entonces haré Y”) aumentan la ejecución bajo presión (Peter Gollwitzer, 1999). La regla encaja con el rigor estoico: voluntad y método, más que ánimo pasajero. Por ejemplo: “Si me siento paralizado ante el informe, entonces abro el documento y escribo el primer párrafo de tres líneas”. El mundo sigue incierto, pero el siguiente paso está definido, es pequeño y, sobre todo, accionable. Tras completarlo, se redefine el siguiente. Así se crea tracción.

Ensayar el revés para avanzar mejor

Además, los estoicos proponían la premeditatio malorum: imaginar obstáculos por adelantado para prepararse sin catastrofismo. Séneca, en Cartas a Lucilio, sugiere ensayar mentalmente el revés para amortiguar el golpe y conservar la agencia. La práctica no anticipa la desgracia; inmuniza la respuesta. En términos contemporáneos, es un diseño de contingencias: “Si el proveedor falla, entonces activo el plan B”. Tal enfoque se alinea con la idea de antifragilidad (N. N. Taleb, 2012): sistemas que no solo resisten la volatilidad, sino que aprenden de ella. Cada tropiezo, previsto o no, alimenta el siguiente paso más sabio.

Liderazgo sereno en tiempos turbulentos

De lo individual pasamos a lo colectivo: convertir incertidumbre en avance también es una tarea de equipo. La investigación sobre seguridad psicológica indica que los grupos progresan cuando es seguro hablar de errores y experimentar (Amy Edmondson, 1999). Ese clima permite pasos pequeños, frecuentes y reversibles, en lugar de apuestas grandilocuentes. Un líder, entonces, facilita “experimentos de 48 horas” con criterios de éxito claros y revisión breve. Al cerrar el ciclo con aprendizaje explícito, el conjunto avanza sin esperar certezas perfectas. Más que controlar el futuro, se acelera el ritmo de adaptación.

Un ritual cotidiano para sostener el impulso

Finalmente, el hábito sostiene la filosofía. Un ritual estoico cotidiano puede ser: mañana, tres objetivos controlables; tarde, un breve diario que registre paso dado, obstáculo y ajuste. Marco Aurelio escribía para sí mismo como práctica de esclarecimiento; el diario hereda ese pulso de honestidad. Con el tiempo, estos microcompromisos construyen confianza: no porque el entorno se vuelva claro, sino porque la respuesta se vuelve confiable. Así, la consigna inicial se cumple en lo concreto: transformar la niebla en tracción, un paso firme a la vez.