Entre sinceridad y cuidado: decir la verdad

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Di la verdad que ayuda, no la verdad que daña. — Pablo Neruda

La ética de la franqueza

La exhortación de Neruda nos sitúa ante una responsabilidad: no basta con decir la verdad, importa cómo y para qué se dice. En la Ética a Nicómaco, Aristóteles propone la mesura de la virtud entre extremos; del mismo modo, la franqueza virtuosa evita tanto la lisonja como la brutalidad. Más aún, el budismo resume este criterio en el “habla correcta”: que sea verdadera, útil y oportuna (samyag-vāc). Incluso la tradición médica lo refleja con “primero, no hacer daño”. Así, la verdad que ayuda no oculta el dolor, pero se pronuncia con intención de sanar, no de herir.

Verdad útil versus verdad hiriente

Para distinguirlas, conviene atender a tres filtros: intención, necesidad y proporción. Si la finalidad es mejorar la situación del otro, si la información es necesaria para comprender o decidir, y si se expresa con la dosis adecuada, la verdad tiende a ayudar. La teoría de los actos de habla de J. L. Austin en How to Do Things with Words (1962) recuerda que lo que decimos no solo informa: actúa. El mismo contenido, en otro tono o momento, puede producir un efecto perlocutivo de daño. Por eso, además de exactitud, la verdad requiere contexto, tacto y temporización.

Clínica y mediación: decir lo duro sin destruir

En ámbitos clínicos, comunicar malas noticias exige método para cuidar al paciente sin negar la realidad. El protocolo SPIKES (Baile et al., The Oncologist, 2000) propone explorar la percepción del paciente, pedir permiso, ofrecer información en fragmentos y brindar apoyo. Este enfoque muestra que la verdad, bien presentada, empodera. En mediación, el reencuadre transforma ataques en necesidades: “eres irresponsable” pasa a “me preocupa cumplir los plazos”. La realidad no cambia, pero el modo de nombrarla abre puertas en vez de cerrarlas, favoreciendo acuerdos estables sin sacrificar la honestidad.

Trabajo y liderazgo: franqueza radical bien cuidada

En las organizaciones, la “franqueza radical” de Kim Scott (2017) propone desafiar directamente mientras se cuida personalmente. Su advertencia es clara: sin cuidado, la crítica deviene “agresión odiosa”; sin desafío, cae en “empatía arruinadora”. Un jefe que dice “tu informe fue confuso; si ordenas los hallazgos en tres apartados, brillará” ofrece verdad que ayuda. Señala el problema, propone un camino y preserva la dignidad. Así, el desempeño mejora y la confianza se fortalece.

Sociedades que sanan: verdad con reparación

A nivel social, las comisiones de verdad muestran que la franqueza puede ser herramienta de reparación. La Comisión de la Verdad y Reconciliación de Sudáfrica (1995), impulsada por Desmond Tutu, evidenció que “no hay futuro sin perdón” (No Future Without Forgiveness, 1999), pero tampoco sin reconocimiento. En Chile, los informes Rettig (1991) y Valech (2004) fijaron memoria y bases para indemnizaciones. Estas experiencias confirman que la verdad que ayuda no es tibia: nombra los hechos, reconoce víctimas y vincula la palabra con acciones de justicia y reparación, orientando el dolor hacia la convivencia.

Psicología del receptor y el momento

Desde la psicología, sabemos que lo negativo pesa más: “lo malo es más fuerte que lo bueno” (Baumeister et al., Review of General Psychology, 2001). Por ello, una verdad áspera puede eclipsar cualquier intención benevolente. Elegir un momento en que la persona esté dentro de su “ventana de tolerancia” aumenta la posibilidad de integración. La Comunicación No Violenta de Marshall Rosenberg (1999) sugiere un orden útil: observación, sentimiento, necesidad y petición. Al pasar del juicio a la necesidad, la verdad se vuelve digerible y accionable.

Guía práctica para conversaciones difíciles

Un itinerario simple enlaza las ideas previas: clarifica tu propósito; pide permiso; comparte datos concretos; explica el impacto; pausa para escuchar; ofrece apoyo y un siguiente paso. Por ejemplo: “¿Podemos revisar tu presentación? Noté que las fuentes no están citadas; esto arriesga nuestra credibilidad. Si quieres, armamos juntos un esquema de referencias”. La situación no se maquilla, pero la forma habilita el aprendizaje. Además, acordar seguimiento convierte la verdad en proceso, no en sentencia.

En la era digital: del escarnio al llamado

Finalmente, en redes, la velocidad amplifica el daño. Loretta J. Ross propone pasar del “call-out” al “call-in”: invitar a la corrección sin humillar (Calling In the Calling Out Culture, 2021). Antes de publicar, la “regla de las 24 horas” y un mensaje privado pueden transformar una exposición en una enmienda. La verdad que ayuda privilegia la reparación sobre el espectáculo, y recuerda que detrás de cada error hay una persona capaz de aprender.