Cuidar para inspirar valentía en el liderazgo

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Lidera con cuidado y el mundo responderá con valentía. — Desmond Tutu
Lidera con cuidado y el mundo responderá con valentía. — Desmond Tutu

Lidera con cuidado y el mundo responderá con valentía. — Desmond Tutu

El principio en una frase

La sentencia de Tutu vincula dos fuerzas que suelen considerarse opuestas: el cuidado y la valentía. En realidad, se potencian. Cuando las personas perciben que quien guía protege su dignidad y su riesgo, encuentran el coraje para decir la verdad, innovar o reparar. Así, el cuidado no ablanda la acción; crea el terreno donde lo audaz se vuelve posible.

Ubuntu como fundamento ético

A partir de ahí, Tutu ancla su idea en el Ubuntu: “yo soy porque nosotros somos”. Esta visión traslada el liderazgo del dominio a la interdependencia. En la Comisión de la Verdad y Reconciliación de Sudáfrica (1996–2003), que Tutu presidió, el diseño compasivo de las audiencias permitió testimonios dolorosos y confesiones difíciles; el cuidado institucional generó actos de valentía cívica. El resultado no borró las heridas, pero mostró que la empatía organizada puede abrir puertas que la fuerza cierra.

Seguridad psicológica y coraje

Luego, la psicología organizacional ofrece un puente empírico. Amy Edmondson (1999) definió la seguridad psicológica como la creencia de que no serás castigado por equivocarte; sus estudios muestran que, cuando existe, los equipos aprenden más. En la misma línea, el proyecto Aristóteles de Google (2015) identificó ese clima como el predictor clave del rendimiento de equipos. En ambos casos, el cuidado percibido desencadena comportamientos valientes: hacer preguntas, admitir errores y proponer ideas no obvias.

Lecciones de líderes contemporáneos

Asimismo, ejemplos recientes ilustran la tesis. Tras el atentado de Christchurch (2019), Jacinda Ardern combinó consuelo público —abrazo visible a la comunidad musulmana— con decisión política —reforma de armas en semanas—; la sociedad respondió con solidaridad y participación cívica. De modo similar, en crisis sanitarias, cuando autoridades comunican con claridad y compasión, aumentan la cooperación y el sacrificio compartido. El cuidado, al hacerse visible, convoca la valentía colectiva.

Prácticas para liderar con cuidado

Por ello, el principio puede traducirse en hábitos: escuchar activamente antes de decidir; nombrar el propósito y el umbral de riesgo aceptable; reconocer errores propios para normalizar el aprendizaje (Brené Brown, Daring Greatly, 2012); y ofrecer feedback franco sin humillar. Además, cuidar no es sobreproteger: es dotar de contexto, recursos y respaldo para que otros asuman riesgos con sentido. La coherencia —promesas cumplidas— convierte el gesto en confianza sostenible.

Cuidado no es permisividad

Finalmente, conviene trazar límites saludables. Modelos de “just culture” en sectores críticos (Sidney Dekker, 2007) combinan compasión con responsabilidad: se indagan causas sistémicas, pero se exige integridad cuando hay negligencia. Así, el cuidado evita la culpa paralizante, mientras la valentía se orienta a mejorar, no a improvisar sin consecuencias. El mundo responde con coraje cuando sabe que el bien común está protegido por reglas justas y corazones atentos.