Del miedo al propósito: una invitación valiente

Copiar enlace
3 min de lectura
Si el miedo llama a la puerta, invítalo a entrar y muéstrale la puerta hacia el propósito. — Brené B
Si el miedo llama a la puerta, invítalo a entrar y muéstrale la puerta hacia el propósito. — Brené Brown

Si el miedo llama a la puerta, invítalo a entrar y muéstrale la puerta hacia el propósito. — Brené Brown

Abrir la puerta sin huir

Para empezar, la frase de Brené Brown nos recuerda que la valentía no elimina el miedo, la integra. Invitarlo a entrar es abandonar la armadura del control y la negación para practicar la vulnerabilidad como acto de coraje. Así lo sostiene Brown en The Gifts of Imperfection (2010) y en su charla “The Power of Vulnerability” (TEDxHouston, 2010): cuando dejamos de pelear con lo que sentimos, recuperamos energía para dirigirla a lo que importa. En lugar de tratar al miedo como intruso, lo reconocemos como mensajero: llega porque hay algo valioso en juego.

Nombrar para desactivar

A continuación, ponerle nombre al miedo cambia la conversación interior. La “etiquetación afectiva” reduce la reactividad y aclara el pensamiento, como mostró Matthew Lieberman en Psychological Science (2007): decir “siento miedo” modula la amígdala y mejora la regulación. Esta simple práctica abre un espacio entre el estímulo y la respuesta. En ese intervalo, podemos preguntar con curiosidad: ¿qué intenta proteger? Al pasar del runrún difuso a un lenguaje concreto, el miedo baja de volumen y sube la claridad, preparando el terreno para orientar la acción.

Del temor al sentido

Desde esa claridad, podemos guiar al miedo hacia el propósito. Viktor Frankl en Man’s Search for Meaning (1946) mostró que el sentido no elimina el dolor, pero lo vuelve soportable al inscribirlo en una dirección. Brown coincide cuando, en Dare to Lead (2018), propone identificar dos valores núcleo que funcionen como brújula. Preguntas como “¿Qué valor está en juego aquí?” o “¿Qué historia quiero contarme sobre este momento?” transforman el miedo en señal de importancia. Así, deja de ser un muro y se vuelve puerta hacia lo que de verdad nos importa.

Prácticas para movernos con propósito

Para traducir la intención en pasos, la Terapia de Aceptación y Compromiso sugiere avanzar con valores en presencia del miedo (Hayes et al., 1999). Microactos ayudan: compromisos de 10 minutos, un “primer borrador pésimo” o “si/entonces” de implementación (Gollwitzer, 1999), por ejemplo: “Si siento bloqueo, entonces envío una versión inicial”. Estas técnicas no buscan sentirnos valientes antes de actuar; más bien, al actuar con suavidad y constancia, la valentía nos alcanza en el camino. El miedo es invitado, no piloto; el propósito, el conductor.

Relatos que iluminan el gesto

Además, las historias nos muestran cómo se hace. En un célebre relato budista, cuando el demonio Mara aparece, el Buda le dice: “Te he visto, Mara; ven, tomemos té”. Nombrar, invitar y sentar al miedo a la mesa le quita su poder secreto y nos devuelve presencia. De modo similar, Brown cuenta que antes de subir al escenario escribe “permisos” en una nota (Dare to Lead, 2018), como “se permite ser torpe”. Esa pequeña hospitalidad emocional reduce la vergüenza y libera energía creativa para el propósito.

Cuidar límites y pedir apoyo

Por último, abrir la puerta no implica dejar que el miedo invada la casa. Cuando se vuelve abrumador o interfiere con la vida, pedir ayuda profesional es un acto de responsabilidad, no de falla. Brown subraya en Rising Strong (2015) la importancia de los límites y del autocuidado: descanso, conexión y prácticas de suelo firme (respiración, anclaje corporal) sostienen la valentía cotidiana. Así, honramos el mensaje del miedo sin cederle el timón, y volvemos, una y otra vez, a la puerta del propósito.