Luego aparece un fenómeno más profundo: el autoengaño. Podemos defender un principio con brillantez y, aun así, concedernos permisos especiales. En términos antiguos, esta grieta recuerda la akrasia de la que habla Aristóteles en la *Ética a Nicómaco* (siglo IV a. C.): saber qué es lo mejor y no hacerlo.
Así, el consejo no fracasa por ser malo, sino porque la voluntad humana no es un mecanismo lineal. La parte racional dicta una norma, mientras la parte emocional negocia excepciones; de ahí que el consejo parezca una moneda más útil cuando circula hacia afuera que cuando intenta comprarnos disciplina interna. [...]