Por último, conviene prevenir malentendidos. Gratitud no equivale a negación del dolor ni a conformismo; Beauvoir, en El segundo sexo (1949), expuso estructuras de opresión que la lucidez debe nombrar. Una gratitud madura agudiza la mirada también para las grietas, de modo que la belleza no anestesie sino sostenga la responsabilidad. Mirar mejor permite cuidar mejor: apreciar la generosidad de una vecina y, en consecuencia, organizar apoyo mutuo; reconocer la dignidad de un trabajador y exigir condiciones justas. Así, el hábito de belleza deviene ética encarnada. [...]