Vinculando el caos con el arcoíris, Cézanne nos recuerda que la belleza reside, precisamente, en la coexistencia de diferencias. Cada color, por separado, puede resultar caótico; juntos, forman algo sublime. De este modo, la frase apunta a una valoración de la pluralidad: así como la naturaleza no rechaza el desorden sino que se alimenta de él, también nosotros podemos hallar armonía en la complejidad de la experiencia humana. [...]