Al negar que el éxito “la echó a perder”, la autora sugiere que el carácter pesa más que el contexto. Esta idea dialoga con una intuición clásica: el poder y el reconocimiento no crean de la nada, sino que amplifican. Como advertía Lord Acton en su carta de 1887, “el poder tiende a corromper”, pero la frase de Lebowitz matiza: quizá el poder no inventa defectos, solo les da megáfono.
Por lo mismo, la cita cuestiona una excusa social muy común: atribuir a la fama, el dinero o el entorno lo que pertenece a la responsabilidad personal. El éxito aparece entonces no como causa, sino como revelador: expone rasgos que antes podían pasar desapercibidos. [...]