Esa visión se volvió oficio cuando inventó la impresión iluminada, grabando texto e imagen en la misma plancha para luego colorearla a mano. Así nacieron Songs of Innocence and of Experience (1794), híbridos luminosos despreciados por algunos contemporáneos por su rareza técnica. Sin embargo, la terquedad formal encarnaba su credo: el medio debía servir a la visión, no al revés. Por eso, su taller fue laboratorio y altar, una prueba de que el riesgo material también es un argumento estético. [...]