Además, la ciencia respalda la intuición de Hughes. Mihály Csikszentmihalyi describió el flujo (1990): un estado de concentración absorbente que ocurre cuando la habilidad se alinea con el desafío, fruto de hábitos sostenidos. Paralelamente, Anders Ericsson y colegas (1993) mostraron que la excelencia proviene de práctica deliberada: metas específicas, retroalimentación y ajustes continuos. En ambos casos, el énfasis recae en procesos, no en chispazos místicos. La inspiración llega como consecuencia de una rutina ética y exigente, no como condición previa. Dicho de otro modo, cuando el paso es constante y honrado, la música —creativa o profesional— encuentra el camino para sincronizarse con nosotros. [...]