Luego aparece el temor habitual: que el límite suene “cruel”. Sin embargo, la crueldad suele implicar intención de dañar, mientras que la firmeza apunta a proteger una necesidad legítima. Decir “no puedo hoy” o “no estoy de acuerdo” puede ser incómodo, pero no necesariamente es agresivo; a menudo, es una corrección de rumbo para que la relación sea más realista.
Además, la firmeza puede ser incluso más compasiva que el consentimiento forzado. Un “sí” dado por miedo, culpa o deseo de agradar termina acumulando resentimiento, y ese resentimiento suele estallar de maneras menos amables que un límite dicho a tiempo. [...]